I, 8.4.5.1.2 - Modos de las ciencias


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







Modos de las ciencias

Referencia I, 8.4.5.1.2




CC0 1.0
El criterio para establecer los modos gnoseológicos, considerados como vías hacia la construcción de configuraciones objetivas, tiene como referencia el eje sintáctico, desde el momento en que hay que tener en cuenta las formas de operar con los términos y las relaciones dadas en los campos objetivos, es decir, hay que tener en cuenta los cuatro tipos de functores efectivamente existentes (Bueno, 1992):


               1. Functores nominativos: forman términos a partir de términos.
               2. Functores determinativos: forman términos a partir de relaciones (o predicados).
               3. Functores conectivos: forman relaciones a partir de relaciones.
               4. Functores predicativos o relativos: forman predicados o relaciones a partir de términos.


A partir de las relaciones entre estos tipos de functores, podemos distinguir los siguientes modos gnoseológicos, que son fundamentales, y diferentes, en la Teoría de la Literatura y en la Literatura Comparada:


                                                       1. Definiciones.
                                                       2. Clasificaciones.
                                                       3. Demostraciones.
                                                       4. Modelos


1. Definiciones

Las definiciones, o functores nominativos, son procedimientos de determinación formal, es decir, que forman Términos a partir de Términos [T < T], bien por vía genética (el Quijote como obra literaria construida por Cervantes), bien por vía estructural (Dulcinea como invención de don Quijote). En el primer caso, el artífice es un sujeto operatorio (Cervantes escribe el Quijote), que actúa como término dentro del campo categorial; en el segundo caso, el artífice es un término estructural exclusivamente (don Quijote como término estructural dentro de la novela que lleva su nombre). Las definiciones, pues, son procedimientos determinantes, porque dan lugar a Términos a partir de Términos preexistentes (T < T). Es la forma normativa de operar de las ciencias y disciplinas científicas. Es como actúa la Teoría de la Literatura. El término soneto, por ejemplo, se construye a partir de términos como cuarteto y terceto, así como estos últimos a partir de conceptos como endecasílabo y verso. Las definiciones son figuras gnoseológicas que proporcionan conocimientos conceptuales o científicos.


2. Clasificaciones

Las clasificaciones, o functores determinativos, son procedimientos que, a partir de relaciones dadas en el campo, establecen otros términos [T < R], simples o complejos, dentro del sistema que constituye el campo gnoseológico. La construcción de las clasificaciones puede ser ascendente (de las partes al todo) o descendente (del todo a las partes). Las totalidades que integran o constituyen las clasificaciones pueden ser atributivas (partitivas o nematológicas, relativas al concepto estoico de merismos, traducido al latín como partitio) o distributivas (divisorias o diairológicas, relativas al concepto estoico de diairesis, traducido al latín como divisio). Las clasificaciones son, pues, procedimientos estructurantes, porque dan lugar a Términos a partir de Relaciones (T < R). Es la forma habitual de desplegar teorías constructivistas o estructuralistas, como puede ser el caso de una teoría de los géneros literarios, de modo que el término “novela” se establece tras relacionar conceptualmente materiales literarios como el Don Quijote de la Mancha, Les misérables y Die Leiden des jungen Werthers, por ejemplo.

La diferencia entre lo atributivo (o partitivo) y lo distributivo (o totalizante) se puede entender así: a) lo distributivo implica partes que tienen la misma valencia, es decir, que son sustituibles entre sí, dentro del todo del que forman parte, en cuanto a las características que se manejan en la clasificación. Por ejemplo, los poliedros regulares: a todos les caracteriza el hecho de ser poliedros y de ser regulares, de modo que todas las entidades clasificadas responden a las mismas características en la clasificación; b) lo atributivo en cambio establece discriminaciones: las diferentes partes que constituyen el todo poseen, cada una de forma específica, un valor propio e intransferible. Por ejemplo, la distinción entre el sapiens y el erectus responde a una clasificación atributiva y descendente. El erectus no se caracteriza por las mismas propiedades que el sapiens: la clasificación se hace en función del volumen craneal, del bipedalismo, de la capacidad de manejar útiles. Cada uno de los entes clasificados tiene unas características específicas frente a los demás.

Desde el punto de vista de estos criterios, aceptamos que las clasificaciones permiten construir Términos a partir de Relaciones [T < R], con arreglo a dos coordenadas: ascendente / descendente, según el modo de construcción, y atributivo / distributivo, según el modo de estructuración. El resultado es el siguiente cuadro, que da lugar a cuatro desenlaces:


Clasificaciones
Construcción / Estructuración
Atributivo
Distributivo
Ascendente
agrupamientos
tipologías
Descendente
desmembramientos
taxonomías



1. Las Taxonomías son clasificaciones descendentes distributivas (como la clasificación de los poliedros regulares, o la clasificación caracteriológica de Eisemann).
2. Las Tipologías son clasificaciones ascendentes distributivas (como la tipología de biotipos de Kretschmer).
3. Los Desmembramientos o descomposiciones son clasificaciones descendentes atributivas (como las “cortaduras” de Dedekind).
4. Los Agrupamientos son clasificaciones ascendentes atributivas (como la clasificación de las áreas terrestres en cinco continentes, o la clasificación de los vivientes en cinco reinos; evidentemente, se trata de un concepto de gran utilidad en la metodología estadística).

Las clasificaciones son figuras gnoseológicas tan fundamentales en Teoría de la Literatura como lo son los modelos en la Literatura Comparada. La razón es que la primera de estas metodologías opera mediante el establecimiento de Términos a partir de Relaciones [T < R], mientras que la segunda opera precisamente en la dirección contraria, es decir, establece Relaciones o comparaciones a partir de los Términos [R < T] del campo categorial (autores, obras, lectores y transductores). Quien identifica, pues, la Teoría de la Literatura con la Literatura Comparada, proponiendo entre ambas disciplinas una relación de identidad, desconoce por completo el funcionamiento gnoseológico de una y otra metodología. En consecuencia, ignora lo que es la Teoría de la Literatura, como sistema de conocimiento conceptual y científico de los materiales literarios, por una parte, y, por otra, hará un uso completamente retórico y tropológico de la idea de comparación, al margen por entero de los fundamentos gnoseológicos del concepto de relación.


3. Demostraciones

Las demostraciones, o functores conectivos, forman Relaciones a partir de Relaciones [R < R]. Es, por ejemplo, el caso de las cadenas hipotético-deductivas que conducen al establecimiento de identidades. Son figuras fundamentales en sistemas de pensamiento como el popperiano, y tienden a incurrir, cuando se desarrollan aisladamente, en la falacia teoreticista. Las demostraciones son, pues, procedimientos predicativos, explicativos o descriptivos, porque dan lugar a Relaciones a partir de Relaciones (R < R). El caso más recurrente es el de la Crítica literaria, al proceder mediante el desarrollo de hipótesis, deducciones, o incluso inducciones o abducciones, desde las que se trata de ilustrar, ejemplificar o hacer legible, a una escala distinta de la previamente dada, el sentido y significado de un material literario determinado.


4. Modelos

Los modelos, o functores predicativos, son contextos determinantes o armaduras que establecen Relaciones definidas a partir de los Términos del campo gnoseológico. Adviértase que la relación es la figura gnoseológica por excelencia en la que se basa la Literatura Comparada. Por esta razón, los modelos son los procedimientos esenciales del ejercicio ontológico y gnoseológico de la Literatura Comparada, desde el momento en que esta se basa en la comparación, es decir, en la Relación, de materiales literarios, dados como Términos (autor, obra, lector y transductor) en el campo categorial de la Literatura. Los modelos son, pues, procedimientos solidarizantes o contextualizantes, porque constituyen Relaciones a partir de Términos (R < T). Es el modo operatorio en el que se basa la Literatura Comparada como metodología (por eso es un método y no una disciplina): porque a partir de los términos del campo categorial de la literatura (autor, obra, lector, transductor) establece entre ellos relaciones o, si se prefiere, comparaciones.

Las relaciones son operatorias según dos tipos de criterios. En primer lugar, las relaciones pueden ser isológicas (dadas entre términos de la misma clase: autor con autor, obra con obra…) o heterológicas (dadas entre términos de clases diferentes: un autor en una obra, una obra en un lector, un autor en un lector…). En segundo lugar, las relaciones pueden ser distributivas (dadas con el mismo valor en cada parte del todo: el impacto de una obra en una totalidad de lectores) o atributivas (dadas con distinto valor en cada parte del todo: el impacto de una obra en un lector concreto y distinto de los demás).

Modelos
Construcción / Estructuración
Atributivo
Distributivo
Isología
metros
paradigmas
Heterología
prototipos
cánones


1. Los Metros son modelos isológicos atributivos (la familia romana de la época de la República es metro de la familia cristiana); en el contexto de la Literatura Comparada, son metros todos los estudios que destinados a comparar un autor con otro (Cervantes y Shakespeare), una obra con otra (Odisea y Divina commedia), un lector con otro (Unamuno y Borges ante el Quijote), un transductor con otro (la recepción y puesta en escena de Calderón en el Romanticismo polaco y en las vanguardias alemanas de comienzos del siglo XX).

2. Los Paradigmas: son modelos isológicos distributivos (la tangente a la curva es paradigma de la velocidad de un cuerpo móvil); en el caso de la Literatura Comparada, son paradigmas las interpretaciones que objetivan, bien la influencia que un lector célebre de una obra literaria puede ejercer sobre otros lectores (Borges como lector de la Divina commedia o el Quijote), bien el impacto que un transductor o intérprete de una obra literaria puede ejercer sobre otros transductores o intérpretes (los traductores del Quijote al alemán en los siglos XVIII y XIX, por ejemplo, cuyo texto de la obra cervantina influyó sin duda en los lectores de lengua alemana durante la Ilustración y el Romanticismo; la traducción española, indudablemente paradigmática, que Dámaso Alonso hizo al español de la novela de Joyce Retrato del artista adolescente).

3. Los Prototipos: son modelos heterológicos atributivos (la vértebra tipo de Oken es prototipo del cráneo de los vertebrados); en el contexto de la Literatura Comparada, son prototipos todas las interpretaciones que den cuenta del impacto de un autor en una obra (la influencia de Apuleyo en el Crótalon), de una obra en un autor (la Odisea en James Joyce), de un lector en un autor (el público ovetense como receptor de La Regenta, capaz de influir en un Leopoldo Alas que escribe Su único hijo con cierto ánimo reconciliador frente a sus lectores más inmediatos), de un lector en una obra (Borges como lector de la Divina commedia en Nueve ensayos dantescos), de un transductor en un autor (la puesta en escena que hace Grotowski del teatro de Calderón), y de un transductor en una obra (la traducción de Ludwig Tieck del Quijote al alemán en 1799).

4. Los Cánones: son modelos heterológicos distributivos (el gas perfecto es modelo canónico de gases empíricos); en el caso de la Literatura Comparada, son cánones aquellas interpretaciones que codifican normativamente el impacto histórico que determinados lectores y transductores han ejercido sobre otros lectores e intérpretes, los cuales han asumido las propuestas interpretativas de los primeros como criterios de referencia para organizar sus propias lecturas e interpretaciones. Suele tratarse con frecuencia de trabajos que dan cuenta de contribuciones críticas, y no tanto creativas. Los estudios de Curtius, Auerbach o Rico sobre la Edad Media latina, la literatura como mimesis de la realidad, o la presencia de la lírica renacentista italiana en la literatura española, constituyen, respectivamente, ejemplos de investigaciones que codifican determinados cánones literarios en el campo gnoseológico de la Literatura Comparada.

Afirmamos, en consecuencia, siguiendo a Bueno, que desde el punto de vista de su evolución histórica, toda ciencia efectivamente existente puede considerarse como un sistema desarrollado de definiciones, clasificaciones, demostraciones y modelos racionalmente organizados[1]. El desarrollo de una ciencia progresa como desenvolvimiento sistemático y entretejido entre los diversos modos gnoseológicos que la constituyen. La Biología, la Medicina, la Termodinámica, la Historia, la Teoría de la Literatura, la Astrofísica…, utilizan modelos y demostraciones, así como definiciones y clasificaciones. Para proponer o establecer una clasificación de las diferentes ciencias, sin duda puede tomarse como referencia la taxonomía propuesta de los modi sciendi. Leibniz concebía la ciencia como un sistema de definiciones. La tradición aristotélica, que llega hasta Stuart Mill, la concibe a su vez sobre todo como una cadena de demostraciones. Espeusipo y otros platónicos entendían las ciencias, especialmente las denominadas “ciencias naturales”, como sistemas de taxonomías y clasificaciones, etc. En el ámbito de la Literatura Comparada, son los functores relativos o predicativos, es decir, aquellos en que se objetiva la relación —o comparación— entre los términos del campo —autor, obra, lector, transducción—, los que constituyen la figura gnoseológica fundamental, esto es, la figura gnoseológica que permite constituir los contextos determinantes o armaduras que dan lugar a la Literatura Comparada como realidad efectivamente existente, como ontología y como metodología. 

Expongo a continuación el modelo gnoseológico de la Literatura Comparada, de acuerdo con los presupuestos del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura.






Nota

[1] Bueno apunta una correspondencia o coordinación entre estos cuatro modos gnoseológicos y las cuatro reglas cartesianas: “Incluso podríamos ensayar la coordinabilidad de las reglas cartesianas con los modos gnoseológicos antes expuestos. La “primera regla” —la regla de lo claro y distinto—, acaso cobra algún sentido gnoseológico si va referida al modo de las definiciones; la “segunda regla” —que prescribe la composición del objeto en sus partes”—, nos obliga a pensar en el modo de las clasificaciones; la “tercera regla” —la regla de la recomposición—, se mantiene muy próxima a la modelación; y la “cuarta regla”—la de los recuentos—, solo parece que cobra su pleno sentido en la perspectiva de la demostración, es decir, suponiendo que los recuentos lo son de las premisas que están interviniendo en una argumentación” (Bueno, 1992, I: 145).




Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Modos de las ciencias», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 8.4.5.1.2), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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