I, 8.4.4.3 - Tematología literaria: los temas y motivos literarios


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices





Tematología literaria: los temas y motivos literarios

Referencia I, 8.4.4.3




CC0 1.0
El desarrollo que la crítica temática experimentó durante la primera mitad del siglo XX se ha relacionado con frecuencia con la reacción que manifiestan, frente al positivismo decimonónico, diferentes corrientes metodológicas de investigación literaria, entre las que figuran el formalismo ruso, el New Criticism, la estilística alemana e hispana, y los modelos comparatistas que, junto con las categorías genológica y morfológica, disponen igualmente el estudio de modelos temáticos y referenciales (Schmeling, 1981).

Entre los formalistas rusos, Tomachevski justificaba la existencia de determinados géneros literarios desde presupuestos temáticos, al advertir que “se crean así clases particulares de obras (géneros) caracterizadas por un agrupamiento de procedimientos a los que llamamos los rasgos del género. Estos rasgos pueden ser muy diferentes y referirse a cualquier aspecto de la obra literaria. Basta que aparezca un relato que logre éxito (por ejemplo la “novela policial”), para que de inmediato surjan imitaciones y se cree un género de novela corta cuyo rasgo fundamental es el esclarecimiento del crimen por el detective; es decir, un tema determinado. Este tipo de género temático abunda en la literatura de intriga. En la poesía lírica existen géneros cuyo tema es motivado por un destinatario explicitado: el género epistolar, cuyo rasgo distintivo no es el tema sino la motivación a partir del destino” (Tomachesvki, 1925/1965: 229).

La teoría de la literatura se ha ocupado con frecuencia del estudio de los temas y motivos desde el punto de vista de su implicación y sentido en la estructura de la obra literaria, bien como unidades formales de función (sintaxis literaria), bien como objetos que están en la obra literaria no solo por lo que son (ontología), sino por lo que en ella significan (semántica literaria), bien como recurrencia o referencia textual definitoria del discurso (isotopías, campos semánticos, repertorios léxicos, etc...), aun cuando la crítica meramente temática, de naturaleza impresionista o psicologista, y de contenidos referenciales ajenos a los verdaderos intereses del conocimiento literario, ha sido desestimada con frecuencia por las teorías formalistas de la literatura, las cuales, para mayor ironía, desembocaron con frecuencia en los más rabiosos ideologismos posformalistas y posmodernos.

Desde el comparatismo literario se han propuesto diferentes tipologías y clasificaciones temáticas, que orientan y disponen el estudio de temas y motivos literarios a través de períodos históricos y conjuntos supranacionales, revelando hallazgos de interés, que pueden verse con frecuencia ratificados desde criterios formales, genéricos e historiográficos (Beller, 1970). “La condición del tema —escribe Guillén (1985: 254)— es activa y pasiva a la vez. Aliciente integrador, por un lado. Objeto de modificación, por otro. Procedente del mundo, de la naturaleza y la cultura, el tema es lo que el escritor modifica, modula, trastorna”. Como se observa, el “tema”, según Guillén, puede ser “cualquier cosa”.

Por su parte, Prawer, en su síntesis sobre el comparatismo titulada Comparative Literary Studies (1973), tratando de afinar un poco más, había dividido los temas en cinco grupos, francamente aleatorios:

1. La representación literaria de a) fenómenos naturales, como el mar; b) condiciones fundamentales del existir humano, como los sueños; y c) problemas perennes de la conducta, como los conflictos generacionales.
2. Los motivos recurrentes de la literatura y el folclore (los tres deseos, anillos mágicos, objetos maravillosos, acontecimientos sobrenaturales...)
3. Las denominadas situaciones recurrentes, como conflictos familiares, sociales, cotidianos...
4. Tipos sociales, profesionales y morales, como el hidalgo, el caballero, el viajante, el ladrón honrado, el mendigo, el rey, el villano, etc...
5. Los personajes y arquetipos derivados de la mitología, la literatura misma, o su intertexto cultural (Hamlet, don Juan, la Celestina, el Avaro, Prometeo, Siegfried...)

Desde este punto de vista, es indudable que la tematología proporciona una lectura referencial de valiosa amplitud, a través de la historia, los géneros, las formas, los fenómenos naturales y las prefiguraciones imaginarias, afines a los presupuestos psicoanalíticos y a los contenidos procedentes de la mitología, la mitocrítica y la poética de lo imaginario. Desde tales puntos de vista, el ejercicio de la Literatura Comparada quedaba reducido enteramente al psicologismo de la teoría literaria que creía encontrar en el lenguaje del psicoanálisis la solución a los “enigmas personales” de los textos literarios.

Entre los diferentes estudios sobre tematología comparada de la literatura, el titulado Praisers of Folly (1963) de Kaiser es especialmente representativo, por la atención que presta al estudio del loco en las obras de tres grandes autores del Renacimiento, y su proyección en la literatura española de los Siglos de Oro: Erasmo, Rabelais y Shakespeare. Otros de los temas que con frecuencia han sido objeto de estudios y monografías desde el punto de vista del comparatismo literario son los referentes al mar (Auden, 1950; Navarro, 1963; Romero Márquez, 1981); el tren, presente en obras de Pla, Azorín, Machado, Soseki, Tolstoi, etc...; las montañas, el paisaje montés, los valles, los ríos, las fuentes naturales, el locus amoenus (Castro, 1956; Michaëlsson, 1959; Rousset, 1961; Mathieu-Castellani, 1980); el simbolismo del ciervo en la literatura contemporánea, medieval y renacentista (Ynduráin, 1990); los colores, de los que el azul fue privilegiado por el Romanticismo, el amarillo por las corrientes decadentistas de fin de siglo, etc... (Schulman, 1960; Motekat, 1961; Balakian, 1967; Palmier, 1972); la infancia, el incesto, el suicidio (Brandes, 1906; Braudel, 1958, 1966); el pesimismo y la muerte (Ariès, 1975; Pagliano, 1983), que alcanza en la obra de Schopenhauer, Unamuno, Kierkegaard, Quental y Hartmann sus más logradas expresiones; la unicidad y duplicidad del yo (Rimbaud, Unamuno, Jiménez, Joyce, Paz...); el amor y las parejas célebres (Capuleto y Montesco, Teágenes y Clariclea, Fausto y Margarita, Rafael y Teresa...); los héroes y las rebeliones (Satán, Prometeo, Byron...), etc.

Como resulta muy fácilmente observable, la mayor parte de cuantos se han ocupado de la tematología en Literatura Comparada tienen un concepto de “tema” muy vago, inane y versátil. Dada la ambigüedad y fragilidad del término “tema”, el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura prefiere hablar de Idea, esto es, de Ideas, concebidas como referentes universales que exigirán necesariamente el conocimiento de una Crítica y de una Filosofía, y cuyas causas y consecuencias materiales se objetivan sin duda en los hechos literarios que constituyen el campo de investigación tanto de la Teoría de la Literatura como de Literatura Comparada.





Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Tematología literaria: los temas y motivos literarios», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 8.4.4.3), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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