I, 8.3.3 - Del curso historiográfico de la Literatura Comparada


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







Del curso historiográfico de la Literatura Comparada

Referencia I, 8.3.3



CC0 1.0
Me referiré ahora sumariamente a lo que considero el curso historiográfico, y también doxográfico, de la Literatura Comparada, constitutivo de su ontología, con objeto de desembocar, en el epígrafe siguiente —y último de este capítulo—, en una interpretación crítica del estado actual de los estudios literarios comparatistas.

La obra de Henry Hallam, Introduction to the Literature of Europe in the 15th, 16th and 17th Centuries (1837), puede considerarse como uno de los trabajos precursores de los estudios comparatistas en Inglaterra, especialmente de la obra posterior de Hutcheson M. Posnett, profesor de la Universidad de Auckland que publica en Londres, en 1886, su ensayo titulado Comparative Literature. Esta obra constituye un estudio histórico sobre el origen y desarrollo de las diferentes literaturas nacionales, apoyándose en modelos analógicos de interpretación, con objeto de inferir leyes genéticas sobre géneros literarios, tal como vienen determinados en las estructuras sociales, en un determinismo muy afín a los presupuestos positivistas. No obstante, se considera que el introductor en Inglaterra del término comparative literature, en inglés, fue Matthew Arnold, desde 1848, y más tarde en obras como On the Study of Celtic Literature (1867) y Literature and Science (1882), inspirándose en el uso que Ampère hacía de la histoire comparée.

Green, en su libro Minuet (1935), realiza un estudio comparativo de algunos de los aspectos característicos de las manifestaciones literarias llevadas a cabo en Francia e Inglaterra durante el siglo XVIII, insistiendo en el paralelismo y afinidad de determinados movimientos, así como en las divergencias que revela el análisis contrastado de los fenómenos culturales en una y otra nación.

Con frecuencia se ha insistido en que tras la I Guerra Mundial los estudios de Literatura Comparada en Inglaterra experimentan un detenimiento, cuando no una recesión, motivado por la “resistencia, a menudo acerba, de los ‘literatos’ y de los lingüistas” (Pichois y Rousseau, 1967/1969: 39), que contrasta con el ritmo de publicaciones que sobre esta disciplina ofrece Gran Bretaña antes y después del período de entreguerras. 

De cualquier modo, y pese a que las relaciones culturales e intercambios literarios de las Islas Británicas con la Europa continental —Inglaterra y la Romania— han sido con frecuencia objeto de discusión y a veces hasta de comentario polémico[1], lo cierto es, como declara Curtius (1948/1989: 61), que “la posición de Inglaterra respecto de la Romania, es decir, respecto de la tradición europea, es constante preocupación de la literatura inglesa”, pues desde los primeros siglos de nuestra era Inglaterra recibe de la Iglesia cristiana el alfabeto latino, que fue adaptado a su lengua, junto con los primeros escritos que se traducen al inglés; más adelante, la inmigración francesa que sucede a la conquista normanda resultó determinante en el desarrollo de la cultura insular, intensamente amparada en fuentes francesas e italianas; se introducen de este modo nuevos géneros, estilos y actitudes sociales, que motivan la secularización progresiva del poder y el decaimiento inevitable de la Iglesia católica, hasta culminar en la reforma anglicana (1534), que determina la conversión de Inglaterra en un mundo acaso intencionalmente distinto del continental, con el que apenas ha colaborado demasiado desde la Guerra de los Cien Años (1337).

En nuestros días la situación ha cambiado, indudablemente, y desde comienzos de la década de 1960 las universidades de Oxford y Cambridge han introducido en sus planes de estudio disciplinas comparatistas, así como diferentes institutos y centros de investigación en Manchester (Senior lectureschip), Canterbury, Colchester (School of Comparative Studies, Department of Literature) y Brighton (professorship), en los que se imparten seminarios y conferencias sobre literatura general y comparada.

Durante estos mismos años la Literatura Comparada recupera también en Alemania el auge que desde sus comienzos había adquirido en este país como disciplina científica. A comienzos de la década de 1880, Moriz Carrière comenzaba a trabajar en Múnich sobre una serie de cursos y conferencias dedicados al estudio de la evolución de la poesía, con el fin de introducir las investigaciones de Literatura Comparada en el ámbito de la historia general de las civilizaciones, así como de justificar, metodológicamente, que el fin o intencionalidad que imprime el autor a su obra determina y modula su evolución (liberalismo), de modo que la diferenciación de las múltiples obras literarias, así como su estudio comparativo, debe apoyarse en el examen de la expresión que los individuos particulares asignan a sus textos, liberados de los determinismos que les impone la colectividad, tal como lo demuestra en su obra de 1884 La poesía: su esencia y sus formas, con los principios fundamentales de la historia de la literatura comparada (Die Poesie: ihr Wesen und ihre Formen, mit Grundzügen der vergleichenden Literaturgeschichte).

En la misma línea de investigación discurre la obra de Süpfle, titulada Historia de la influencia cultural alemana en Francia, con especial atención a las repercusiones literarias (Geschichte des deutschen Kultureinflusses auf Frankreich mit besonderer Berücksichtigung der litterarischen Einwirkung), publicada en Gotha, entre 1886 y 1890, y en la cual los estudios de Literatura Comparada comienzan a definirse no solo por sus implicaciones en el ámbito de las influencias culturales internacionales, sino por la introducción de la tematología y los motivos (Soffgeschichte), dominio al que se dedicarán de forma especial los autores alemanes desde la segunda mitad del siglo XIX.

Desde 1886 los estudios de comparatismo literario adquieren en Alemania estatuto de disciplina científica con la edición de la Zeitschrift für vergleichende Literaturgeschichte, publicación dirigida por Max Koch, aneja a la colección de los “Studien zur vergleichenden Literaturgeschichte” (1901-1909), y que, si bien dejará de publicarse en 1910, constituye la primera revista europea de celebridad internacional sobre Literatura Comparada.

Tras la II Guerra Mundial, la incorporación de Alemania a los estudios de Literatura Comparada, en los que parece integrarse vocacionalmente desde la Edad Media, y de forma especialísima tras la obra de Schlegel (Vergleichung Shakespears und Andreas Gryphs, 1741)[2], Herder (1784-1791) y Goethe (1827), no se produce de forma inmediata, con la excepción de Curtius (1948). A mediados de la década de 1940 Alemania se encuentra con que la mayoría de sus colecciones bibliográficas y de sus revistas especializadas estaban destruidas o perdidas, y sus programas universitarios parecían haberse detenido en unas demasiado tradicionales cátedras dedicadas a la historia de las ideas (Kulturwissenschaft y Geisteswissenschaft); todavía en 1967 el número de cátedras especializadas en Literatura Comparada (Erlangen, Tübingen, Mainz, Darmstadt y Aachen) es escaso para un país cuya tradición comparatista se había declarado de forma tan eficaz y universal en la obra histórica de autores decisivos.

La obra de Curtius, elaborada a lo largo de la primera mitad del siglo XX, y sometida a reflexiones constantes, a veces dramáticas, constituye un intenso estudio acerca de las posibilidades de conocimiento de las culturas y los complejos históricos en su evolución, con el fin de proporcionar un punto de vista universal en el modo de comprender la tradición europea de Occidente, a través de sus manifestaciones literarias, y de preservar cuidadosamente su unidad en el espacio y en el tiempo, desde la perspectiva que proporciona la interpretación de la latinidad.

En Italia, entre 1863 y 1865, De Sanctis ocupa la cátedra de Literatura Comparada de la Universidad de Nápoles, y orienta su método de enseñanza principalmente hacia la literatura italiana. Tras algunos años dedicado a la vida política, volvió a ocupar su cátedra entre 1871 y 1877. Desde 1870, Emilio Teza dicta en la Universidad de Pisa varios cursos acerca de las “Lingue e letterature comparate”, apoyándose de forma especial en los principios de la filología germánica, mientras que por los mismos años, Arturo Craf comienza a desarrollar un comparatismo literario mucho más abierto y positivo hacia las literaturas europeas. Por su parte, la obra de Serafino Pucci, Principii di letteratura generale italiana e comparata (1879), ha sido desestimada del ámbito de los estudios comparatistas por su título falaz y sus postulados pseudocientíficos.

Con el comienzo del siglo XX, autores como Farinelli y su escuela resultaron continuadores de un historicismo y una sociología fundamentalmente descriptivos, en análisis exteriores a la obra literaria, al menos hasta su aceptación de las teorías estéticas croceanas, en torno a 1925.

La obra de Croce, pese a ser muy anterior a la II Guerra Mundial, no ha sido objeto de atención por los comparatistas, al menos fuera de Italia, hasta la segunda mitad del siglo. Sus primeros estudios sobre Literatura Comparada están dedicados a la influencia de las letras españolas en Italia, y datan de 1893 (Menéndez Pelayo, 1883; Simón Díaz, 1963, ref. 1060, 1062, 1063, 1068 y 1074; Meregalli, 1965, 1976, 1980). El modelo comparatista propuesto por Croce (1903) concentra sus análisis estéticos de la obra literaria en reflexiones de fuentes e influencias sobre autores —a veces también obras— individuales, con relativas implicaciones en corrientes de Literatura Comparada propiamente dicha; desde 1950 aproximadamente la aplicación de los métodos croceanos a la Literatura Comparada resulta más flexible y universal de lo que el propio Croce había concebido en sus orígenes, lo que permite introducir con más libertad a autores concretos en corrientes orgánicas de larga tradición y dilatado pensamiento literarios.

El 15 de enero de 1877, aparecía en Hungría la primera revista dedicada al estudio comparativo de las literaturas europeas. Dirigido por Hugo Meltzl, profesor de origen germánico de la Universidad de Kolozsvár, el Jounal de Littérature Comparée fue continuado de 1882 a 1888 por las Acta comparationis litterarum universarum, tras haber contado con la colaboración de Samuel Brassai, Victor Hugo e Ivan Turgueniev.

Como sucedió en el resto de los países eslavos, la presencia latina en Hungría fue muy poderosa, iniciándose en el proceso de cristianización, a través de traducciones y obras creativas, y perdurando incluso hasta el siglo XVIII, pues en 1721, cuando aparece el primer periódico húngaro, Nova Posioniensia, se edita en latín. Durante los siglos del Renacimiento y Barroco, Hungría conoce las invasiones turcas, que desplazan la actividad cultural de los centros humanistas y monacales, si bien la llegada de la Reforma supuso la generalización de la lengua húngara. Desde 1711, como consecuencia del fracaso de la literatura política y enciclopedista en la región calvinista de Transilvania, se producen sucesivas migraciones, cuya manifestación literaria más representativa la constituye la obra del prosista Mikes, a través de las que la política cultural germanizadora extiende el uso de las lenguas alemana y francesa.

Tras el impulso de las corrientes ilustradas y populares del XVIII, y en pleno desarrollo de los ideales de la burguesía liberal y romántica del XIX, en 1844 la lengua literaria húngara se convierte en idioma oficial del país. La obra de Erdélyi y Meltzl asocia Hungría al movimiento general del comparatismo del Este europeo, y con el surgimiento, en 1908, en torno a la revista Nyugat, del movimiento de renovación literaria al que pertenece Móricz, introductor en su país del realismo europeo, y más delante de prosistas como Márai, cuya obra narrativa ofrece interesantes analogías, aún por estudiar, con la novelística de Proust, Joyce y Huxley, las posibilidades de los estudios comparatistas están a disposición del intérprete. Con anterioridad a la I Guerra Mundial, deben mencionarse las investigaciones sobre tematología realizadas por Heinrich, sobre fuentes y crenología, de Katona, y sobre influencias e interrelaciones literarias, de Bleyer. 

He indicado que la celebración en Budapest, en 1931, del congreso de la Comisión Internacional de Historia Literaria Moderna, contribuyó de forma decisiva a la implantación y desarrollo de los estudios comparatistas en aquel país, dirigidos durante el interregno de las guerras europeas por Thienemann y Hankiss. Entre 1945 y 1948 se impartió en la Universidad de Budapest una enseñanza comparatista de primer orden, que incluso contó con la publicación, en lengua francesa, de un número de Cahiers de littérature comparée, y que pese a todo se vio desplazada, al menos hasta 1955, por la influencia del pensamiento marxista de Lukács.

En el congreso que la icla celebró en 1967 en Bucarest, el húngaro Vajda (1964) fue nombrado secretario de una colección de publicaciones sobre comparatismo literario, editadas por la Publishing House of the Hungarian Academy of Sciences, cuya denominación, Comparative History of Literatures in European Languages, resultó discutida por algunos de sus miembros, entre ellos Zirmunskij y Wellek, quienes advirtieron que la primacía otorgada en el título a las letras europeas resultaba excesiva, si se tenía en cuenta que se trataba tan solo de una parte de la literatura mundial. Pese a que en reuniones congresuales posteriores, como la celebrada en Budapest en 1976, Fokkema planteó la elaboración de estudios de Literatura Comparada en Asia y África, y a que de la colección dirigida por Vajda se han publicado algunos volúmenes sobre la historia de la literatura africana subsaharaui, a cargo de Gérard, parece que la denominación presentada en 1967 se ha mantenido hasta nuestros días[3].

Al igual que sucede con otros países de su entorno, Rumanía, por su tradición literaria y cultural, ofrece condiciones de interés para el estudio comparatista. Es uno de los países eslavos que cuenta con las manifestaciones literarias más antiguas de poesía popular, cuya influencia halla ecos en buena parte de la Europa Sudoriental; desde el siglo XV conoce las primeras traducciones de textos litúrgicos del búlgaro antiguo al rumano; se sirve de la imprenta desde muy a comienzos del siglo XVI, establecida Valaquia, y en 1508 aparece el primer texto impreso; el movimiento contrarreformista, que penetra por Transilvania desde 1560, y que encuentra en el diácono Coresi su principal difusor, introduce en la lengua rumana los caracteres de la escritura latina, en sustitución de las grafías eslavas.

Respecto a la presencia del latín en Rumanía, resulta de especial importancia la labor realizada por los humanistas moldavos del siglo XVII, cuya obra historiográfica fue determinante en la formación de la conciencia nacional rumana y en la constitución de sus raíces latinas desde una perspectiva lingüística y cultural. Ensayistas como Ureche, Costin e Neculce, se consagraron al estudio de los valores latinos de la civilización rumana, insistiendo en que su lengua estaba construida sobre raíces romanas[4].

En la segunda mitad del siglo XVIII y desde comienzos del XIX, período que coincide históricamente con la dominación fanariota (1711-1821) y el predominio de los valores griegos en la vida cultural, surge la llamada Escuela de Transilvania, de la que proceden abundantes trabajos históricos y filológicos, de autores como Micu-Clain, Sincai y Maior. Desde mediados del siglo XIX, Rumanía recibe la influencia de las escuelas románticas y clasicistas de Europa Occidental, que introducen nuevos rumbos en su literatura, presentes en las obras de Balcescu, Kogalniceanu, Alexandrescu y Bolliac. 

De este modo, hacia finales del siglo pasado, la síntesis de elementos tradicionales diversos, de influjo occidental, a través de las lenguas francesa y alemana, origina un período en las letras rumanas que ha merecido la expresión de edad dorada, cuyos principales representantes se agrupan en torno al “Círculo literario de Junimea”, fundado en 1863 por Maiorescu, iniciador en Rumanía de la crítica literaria moderna, y que contó con Eminesco entre sus poetas líricos, autor de obras que revelan la influencia de creencias hindúes y de la filosofía alemana. 

En 1918 se crea en Bucarest una Escuela de literatura comparada clásica, en la que confluyen entre otros Iorga, Drouet y Munteano. Desde 1945 hasta 1965, en que se inicia un período de cierta liberalización, el advenimiento del régimen comunista determinó la adopción del realismo socialista en el campo de la expresión literaria (Strancu, Banus, Camilar, Popovici), de modo que escritores como Munteanu, Eliade, Ionesco y Cioran optan por el exilio, y eligen lenguas distintas de la suya —francés (Ionesco) o italiano (Rossignon)— como vehículo de expresión literaria.

En 1918, con la creación del estado de Checoslovaquia, merced a la libre determinación de ambos pueblos, las literaturas checa y eslovaca se agrupan bajo una misma expresión estatal, que no parece sin embargo haber dedicado demasiados esfuerzos al estudio comparatista, al menos desde 1948 hasta la época presente. La literatura checa pertenece al grupo de las literaturas eslavas que ocupa una de las posiciones más privilegiadas debido a sus estrechas relaciones con el ámbito cultural y filológico de la Europa Occidental. Con anterioridad a la expansión de la literatura cristiana y latina (siglo IX), solo existía una cultura de tradición oral; durante el siglo XIV, sin embargo, la literatura escrita en checo ya abarcaba, en coexistencia con el latín, la mayoría de los temas recurrentes en las literaturas medievales del Occidente europeo. Durante el siglo XVI transitan por la república Checa las corrientes principales del humanismo literario europeo, favorecido por la burguesía cultural del momento y el afán de instrucción religiosa, a la que sigue en el siglo XVII una fuerte presión ideológica procedente de la Contrarreforma triunfante.

Durante el período de la Ilustración, el historiador literario, filólogo y poeta, Josef Jungman, introduce en la literatura checa, especialmente en la lírica, las normas y tendencias clásicas, que las posibilidades poéticas de su idioma acogen con facilidad. En la segunda mitad del siglo XIX surgen en Bohemia, con pretensiones de expansión intercultural, dos importantes generaciones de poetas: la de los poetas y prosistas Neruda y Hálek, que pretenden acercar la literatura checa a las corrientes artísticas predominantes en la Europa de entonces, y la de los traductores Vrchlicky, Sládek y Zeyer, que trataron de relacionar la literatura checa con la creación mundial contemporánea, presentando temas y asuntos de otras naciones.

Desde fines del siglo XIX se introducen en la antigua Bohemia los principios fundamentales de la crítica literaria del momento, del mismo modo que sus creaciones literarias siguen el mismo desarrollo que la mayoría de las literaturas europeas (simbolismo, naturalismo, ambiente decadentista, protesta nacional y social...)

Las posibilidades que ofrece Eslovaquia respecto a los estudios comparatistas se encuentran de algún modo condicionadas por la declaración, en 1843, del eslovaco como lengua literaria. Dos son las figuras destacadas en la segunda mitad del siglo XIX: el poeta y pensador Hviezdoslav y el igualmente poeta y prosista Vajansky, quien refleja en su creación literaria una intensa influencia de la prosa realista rusa. Los principios y métodos de la crítica literaria fueron introducidos en Eslovenia desde fines del siglo pasado, por obra de historiadores, poetas y ensayistas, entre los que figuran Vlcek, Krcméry, Mráz y Matuska.

A lo largo de la primera mitad del siglo XX se han publicado en Checoslovaquia algunos estudios sobre comparatismo literario desde los que se plantea la posibilidad de una historia comparada de las literaturas eslavas. Deben mencionarse en este sentido los trabajos, lamentablemente inacabados, de Machal sobre la historia reciente de las literaturas eslavas, publicados en Praga entre 1922 y 1929, con el título de Slovanské literatury, y el cuarto volumen monográfico de la Slavische Rundschau (1932), en que se plantea la posibilidad de una historia comparada de las literaturas eslavas, a los que hay que añadir una contribución de Jakobson, en 1953, sobre “The Kernel of Comparative Slavic Literature”, en la que aporta pruebas convincentes sobre el común patrimonio de estas literaturas.

Bulgaria, que posee la más antigua de todas las literaturas eslavas, crea en la Universidad de Sofía, en 1889, dos cátedras destinadas al estudio conjunto de literaturas occidentales y eslavas; a mediados del presente siglo ha incorporado una tercera cátedra destinada al estudio comparativo e histórico del teatro europeo. El sistema de enseñanza vigente en Bulgaria con anterioridad a la caída del marxismo disponía el estudio obligatorio del ruso, desde el quinto año de la enseñanza primaria (entre los siete y quince años de edad), y, con carácter electivo, el aprendizaje del español, inglés, francés o alemán, si bien no tengo noticia de que al margen de los centros universitarios sea posible cursar estudios de Literatura Comparada, en un país que ha conocido además de una poderosa influencia latina, la presión de las invasiones turcas desde fines del siglo XIV, y la influencia de los griegos fanariotes entre las centurias XV y XVIII.

La influencia de las literaturas extranjeras comienza a penetrar en Bulgaria con las traducciones artísticas procedentes de las literaturas rusa y serbia, que favorecieron notablemente las relaciones interculturales de esta república europea con los movimientos literarios de su entorno continental. Con relación a la literatura española, se ha insistido con frecuencia en las analogías estilísticas existentes entre los relatos breves de Azorín y el narrador búlgaro Svetoslav Minkov (1902-1967), que desarrolla la mayor parte de su producción literaria en torno a la II Guerra Mundial.

En Rusia, uno de los primeros estudiosos de Literatura Comparada fue Veslovski, destacado estudioso del folclore desde la década de 1870, y muy influido, como la mayor parte de sus compatriotas, por los presupuestos metodológicos de la escuela morfológica alemana, en su afán de deducir leyes orgánicas y evolutivas de observaciones dispersas sobre los fenómenos culturales, en estrecha analogía con los organismos vivos de las ciencias naturales. Los estudios de “poética evolucionista” de Veslovski proceden de los años de su formación alemana con Steinthal, fundador de la Zeitschrift für Völkerpsychologie und Sprachwissenschaft en 1860, y al parecer el primer investigador que aplicó de forma sistemática los principios evolucionistas a los estudios literarios.

Durante la existencia de la Unión Soviética, los estudios de Literatura Comparada conocieron una época de cierta liberalidad entre 1917 y 1929, a la que siguió la relativa difusión y conocimiento de la obra de los formalistas, que interrumpió la II Guerra Mundial. En los países comunistas del Este europeo, los estudios comparatistas estuvieron prohibidos desde 1945 hasta 1955, fecha en que se reanudan con bastantes paralelismos en relación con los países de la Europa del Oeste.

En 1956 tiene lugar la creación de una sección de Literatura Comparada en el Instituto de Literatura Rusa, “Casa Pushkin”, de la ciudad de San Petersburgo (entonces Leningrado), inicialmente como centro de bibliografía, y poco después como instituto de investigación. Al año siguiente celebró en sus aulas un congreso oficial, al que siguió en 1960 un nuevo encuentro en Moscú, amparado por el Instituto Máximo Gorki, de “Literatura Mundial”, y referido principalmente a la literatura rusa como centro de intereses e influencias, en el que se plantearon cuestiones de indudable interés para los estudios comparatistas, sobre literatura mundial, presencia de las literaturas eslavas como creación y tránsito de intercambios culturales entre Oriente y Occidente, influencia y mediación del marxismo en la crítica e interpretación literarias, etc., si bien algunos de estos temas, como la escasa atención prestada a los valores de las edades Antigua y Media, ya habían sido señalados y estudiados por Curtius (1948).

En España, los estudios de Literatura Comparada se han asociado, por imperativo legal más que por razones científicas, a las áreas de Teoría de la Literatura, y se ha postulado una irreal yuxtaposición entre la teoría literaria y los estudios de comparatismo literario, en una titulación universitaria que se ha implantado en algunas universidades, y de la que están todavía muy por demostrar sus razones y resultados prácticos. No sin razón, autores como Pichois y Rousseau (1967/1969: 35) han escrito que, a propósito de la Literatura Comparada, “de España uno quisiera poder decir más. El escaso número de trabajos publicados, la mayoría en el extranjero, parece irrisorio frente al inmenso dominio por explorar...”[5]. La única figura que en la España de los últimos años se ha ocupado con rigor y seriedad de los estudios de Literatura Comparada, desde la denominada área de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, es María José Vega Ramos, como lo acreditan los varios artículos y sólidas monografías que ha publicado al respecto (Vega, 1998, 2002, 2003, 2003a, 2003b, 2004, 2005, 2006 y 2008).

No obstante, y sin necesidad de acudir a obras como la de Cristóbal de Villalón, Ingeniosa comparación entre lo antiguo y lo presente (Valladolid, 1539) (Kohut, 1973, 1973a; Maravall, 1966), y del jesuita Juan Andrés, Origen, progresos y estado actual de toda la literatura (1782-1799) (Aullón de Haro, 2002), como “demostración” de comparatismo histórico entre literaturas presentes y pretéritas, han sido varios los filólogos y estudiosos españoles que, a lo largo del siglo XX, se han ocupado, de modo más o menos explícito y recurrente, del estudio de la Literatura Comparada. Baste citar los nombres de Menéndez Pidal y sus estudios sobre la épica románica; Dámaso Alonso y sus trabajos sobre el petrarquismo en las letras hispánicas; las investigaciones de la escuela de arabistas, cuya obra más representativa es la Escatología musulmana de la ‘Divina Comedia(1919), de Miguel Asín Palacios; los estudios de Carlos Clavería sobre las relaciones culturales entre España y Suecia (1954); los estudios de Lida de Malkiel sobre La idea de la fama en la Edad Media Castellana (1952) y sobre La originalidad artística de la Celestina (1962), así como su primera recopilación de artículos, que lleva por título Estudios de Literatura Española y Comparada (1966); los primeros ensayos en español sobre Literatura Comparada, a cargo de Gicovate (1962), Guillén (1962), Cioranescu (1964) y Onís (1974); las investigaciones de Sobejano sobre Nietzsche en España (1967); en una época acaso más reciente podríamos situar los estudios de Joaquín Arce sobre las literaturas Española e Italiana (1965, 1973, 1982), los estudios de Francisco Rico (1993) sobre el petrarquismo, de Claudio Guillén (1998) sobre exilio y literatura, mi trabajo sobre La Celestina y el personaje nihilista en el teatro europeo (Maestro, 2001), y especialmente la actividad realizada por la Sociedad Española de Literatura General y Comparada, fundada en 1977 por célebres especialistas y representantes de esta disciplina. 

Actualmente acaso todavía agrupa en torno a sus actividades congresuales y editoriales, a través de la revista 1616, a los especialistas y estudiosos de la Literatura Comparada en España. Con todo, los últimos congresos celebrados por esta asociación admitían indiscriminadamente trabajos de todo tipo, ajenos con frecuencia al comparatismo, que terminaban por publicar en sus actas, sin selección alguna, y a veces incluso sin criterio uniforme[6].






Notas

[1] “En efecto, en la civilización británica, la noción de comunidad anglosajona ha hecho las veces de internacionalismo durante mucho tiempo. Situada en Europa y en el mundo, la Gran Bretaña ve y teme, en cualquier lazo, alianza o contacto, el riesgo de compromisos y uniones desfavorables. La literatura inglesa, insular siempre, se rodea —y hasta asimila—, pero jamás comulga con las otras” (Pichois y Rousseau, 1967/1969: 39). “El inglés es un dialecto germánico abundante en extranjerismos románicos y latinos. El carácter nacional y las formas de vida de Inglaterra no son ni románicos ni germanos: son... ingleses; representan una feliz combinación del conformismo social con el no conformismo personal, a que no ha llegado lograr ningún otro pueblo” (Curtius, 1948/1986: 61).

[2] Ensayo recopilado posteriormente en sus Theatralische Werke, editados en Copenhague en 1747.

[3] Vajda se ha inclinado por la denominación Comparative History of Literatures in European Languages, apoyándose incluso en la noción goethiana de Weltliteratur, a la que me refiero más adelante, al considerar que este término había sido ideado por Goethe con el fin de designar una “literatura común” en el espacio cultural europeo: “Curiously enough Goethe twice uses the term “europäische d.h. Weltliteratur” among the passages of his writings where he speaks about Weltliteratur. This usage is by no means accidental or the sign of terminological carelessness. The function of European and/or world literature in the Goethen sense which I have the same purpose: the friendly communication of different peoples, indulgence, sympathy, peace. And so it is that I want to understand our common international endeavours in order to achieve a comparative history of literatures in European languages” (Vajda, 1985: 516).

[4] Cantemir, príncipe de Moldavia, escribió en 1698, en latín, una historia del pueblo rumano, que él mismo tradujo a su idioma materno en 1710.

[5] Estas palabras no figuran en la edición actualizada del mismo volumen, realizada por Brunel en 1983.

[6] Al conjunto de estos hechos y referencias podrían añadirse otros varios, estrechamente ligados a circunstancias de absoluta actualidad, y que se han planteado en numerosas universidades españolas, a causa de la disposición en una sola disciplina de los estudios de Literatura Comparada y Teoría de la Literatura. Todo ello ha supuesto la configuración de nuevos planes de estudio, la edición de diferentes colecciones en que se comprenden ambas orientaciones metodológicas, cuyas afinidades se manifiestan mucho más estrechas y necesarias de lo aparentemente previsible, así como la aparición de publicaciones, cada vez más numerosas, en las que se menciona el comparatismo como modelo de investigación teórica y práctica de los fenómenos literarios. Solo con el paso del tiempo será posible valorar con la debida distancia y precisión el alcance de las aportaciones que ahora se anuncian y realizan, y que en todo caso son y han de seguir siendo de utilidad al estudio de las obras y hechos literarios.




Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Del curso historiográfico de la Literatura Comparada», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 8.3.3), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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