I, 8.3.2.2 - El Hispanismo alemán como Modelo Comparatista


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







El Hispanismo alemán como Modelo Comparatista

Referencia I, 8.3.2.2



Lessing (1729-1871)
Los orígenes del hispanismo alemán contemporáneo se remontan, por lo menos, a la Ilustración europea. La expansión que el hispanismo alemán conoce durante el Romanticismo europeo es posible debido a una serie de hechos y fenómenos que tienen sus orígenes en el siglo XVIII (Brüggemann, 1956; Schrader, 1991; Zimmermann, 1997). Voy a referirme muy brevemente a algunos de ellos como modelo en el ejercicio de la Literatura Comparada.



1. El Hispanismo alemán en el siglo XVIII

Uno de los primeros autores alemanes en promover trabajos de investigación sobre la literatura española fue Gotthold Ephraim Lessing, quien publica en 1752 una traducción alemana, con un prefacio, del Examen de ingenios para las ciencias de Huarte de San Juan (Franzbach, 1965). Parece que Lessing tenía en este sentido proyectos más amplios, que no llegaron a concretarse, como una traducción al alemán de La vida es sueño de Calderón. Con todo, sus comentarios al teatro español del Siglo de Oro en la Hamburgische Dramaturgie son especialmente valiosos (vid. especialmente lx, lxviii-lxx). 

Insisten sobre todo en la lograda mezcla de lo trágico y lo cómico, como una de las características principales de la estética moderna, y particularmente de la literatura española, desde novelas como el Quijote hasta obras dramáticas como la Celestina o la comedia nueva de Lope. A su vez, Johann Andreas Dieze, amigo y discípulo de Lessing, profesor en Gotinga y en Maguncia, y director de las bibliotecas de estas universidades, traduce al alemán en 1769 la Historia de la poesía castellana (1754), de Luis José Velázquez. En este contexto, autores como Vorestzsch (1930) consideraron a Dieze como un auténtico precursor de la hispanística alemana. Así, Bertrand (1950) aceptó las contribuciones de Dieze al hispanismo alemán, pero limitando enormemente sus cualidades científicas, al igual que hizo Farinelli (1892). Sin embargo, entre los principales méritos de Dieze se encontró la creación, en Gotinga, de un fondo imprescindible de textos españoles.

Friedrich Bouterwek, filósofo y profesor en Gotinga, autor de una Historia de la poesía y la elocuencia hispanas (Geschichte der spanischen Poesie und Beredsamkeit), publicada en 1804 en Alemania, introdujo en esta obra el término “Hispanisieren”, para hacer referencia al creciente interés de Alemania por la cultura española (Schrader, 1989). Su obra se sitúa entre tendencias clásicas y románticas, vigentes en su tiempo, y fue traducida al inglés en 1823, y al español en 1829, y contó con una importante reseña de Ferdinand Wolf, a quien nos referimos más adelante.

No conviene olvidar, en una exposición de los orígenes modernos del hispanismo alemán, la contribución del abate Carlo Denina. Este erudito italiano, que pertenecía al círculo de Federico el Grande, rey de Prusia, en un discurso pronunciado en 1786 en la Real Academia de Berlín, responde vivamente a los reproches del enciclopedista francés Masson de Morvilliers en su artículo Que doit-on à l’Espagne? El hispanismo de Carlo Denina se sitúa, en principio, en la línea de Lessing, que defiende la cultura española frente a los modelos franceses (Schramm, 1960-1962).

Con anterioridad me he referido a Johann Gottfried Herder. Desde 1776 este autor, clave en el nacionalismo alemán, comienza a interesarse cada vez más por la cultura española. Tiene a Dieze como mediador muy estimado, solicita a Johann Wilhelm Ludwig Gleim le envíe romances españoles, entre ellos los romances líricos de Góngora (Pabst, 1967: 57, 63), y aprende español con Friedrich Johann Justin Bertuch, traductor del Quijote al alemán (Schramm, 1960-1962: 176). Herder incorpora a Góngora en su célebre Voces de los pueblos en sus cantos (Stimmen der Völker in Liedern, Tübingen, Cotta, 1807), y no distingue entre romances tradicionales y barrocos. Sin duda un paso importantísimo en la historia del hispanismo alemán lo constituyó la publicación de esta obra, Voces de los pueblos en sus cantos, en 1778 y 1779, así como la edición completa, en 1801, de un romancero cidiano, bajo el título de El Cid, cantado según los romances españoles (Der Cid. Nach spanischen Romanzen besungen), adaptación de un obra francesa publicada sin nombre de autor en 1783 (Kayser, 1947). 

Aquí comienza a formarse una imagen ideal de España, que será decisiva en el Romanticismo alemán, y que debe mucho a las teorías de Herder, sobre la imagen de España como fuente de la poesía moderna.



2. El Hispanismo alemán en la Edad Contemporánea: 1822-1945 

Los intereses romanísticos e hispanísticos de la generación o generaciones de intelectuales alemanes del siglo XVIII, a los que me acabo de referir, configuran muchas de las ideas que han servido de referencia y de influencia al hispanismo alemán desarrollado durante el Romanticismo, y que pervive prácticamente desde 1822 hasta la II Guerra Mundial (Flasche, 1958).

Desde 1818, August Wilhelm von Schlegel era catedrático en la recién creada Universidad de Bonn, y apenas cuatro años más tarde, en 1822, Friedrich Diez, fundador de la Romanische Philologie, anuncia sus primeras clases como lector de lenguas romances. Surgen entonces en el ámbito académico alemán las filologías románicas, apartadas de otras filologías, como la germánica, la anglosajona o la escandinava; esta distancia se mantiene a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, y se confirma a lo largo del siglo XX. Incluso en nuestros días parece que la hispanística alemana tiende a desglosarse de la romanística, alejándose de las lenguas y literaturas italianas, francesas y portuguesas, para buscar con frecuencia una relación con las culturas (más que literaturas) latinoamericanas (más que iberoamericanas), precolombinas y postcoloniales.

El Romanticismo alemán tuvo una enorme proyección sobre todas las filologías modernas, pero ante todo su impacto se manifiesta sobre el hispanismo, en un doble sentido, filológico e ideológico[1]. Como he indicado anteriormente, si el Romanticismo alemán descubre el mundo hispánico con atención tan intensa, ello se debe a que determinadas condiciones, que se desarrollan a lo largo del siglo XVIII, lo hacen posible. El Romanticismo determinó durante décadas el carácter de la hispanística y romanística alemanas. La Alemania romántica miraba hacia los orígenes del pensamiento y las formas literarias: la fuente genuina valía más que cualquier modelo o referente posterior. Calderón fue durante décadas el autor más reciente que se estudiaba, el siglo XVIII apenas se estudiaba, y el Humanismo del siglo XVI no siempre satisfacía.

Los románticos alemanes convierten a España en eje y canon constitutivo de su nueva visión del arte y de Europa. Una imagen idealizada de España sustituye en buena parte la herencia clásica y la tradición italiana como fuente y canon de cultura. El redescubrimiento de la península Ibérica supone una reacción contra el modelo francés, racionalista, dominante desde el Siglo de las Luces. 

El Romanticismo alemán hace que resurja lo español, tras una larga época —la Ilustración— en la que el concepto de España y de su cultura había caído en un profundo desprestigio. Algunos rasgos generales del hispanismo característico del Romanticismo alemán dieron lugar a las siguientes concepciones de la poética: a) la literatura (poesía, teatro, novela) constituye el discurso principal para el acceso y el conocimiento histórico y cultural de un país; b) España era una nación imaginada e imaginaria para los románticos alemanes, pues en su mayoría no la conocían personalmente, sino solo a través de la percepción poética y la transfiguración literaria; c) fantasía, ficción literaria y simbología desempeñan un papel primordial en la interpretación poética y crítica de la literatura española; d) el siglo XIX alemán se inaugura, en sus primeras décadas sobre todo, con una exaltación de lo hispánico, en torno a Cervantes, Lope y Calderón.

Sin embargo, el Romanticismo no fue solo un conjunto de posiciones anti-aristotélicas, irracionalistas, etc., sino que en él está también el origen de lo que se suele llamar el método histórico-filológico. Karl Voretzsch, en 1930, dedica un artículo muy detallado al estudio de la lengua y la literatura españolas, y advierte, a propósito de Friedrich Diez, que este romanista se diferencia de sus antecesores por el punto de vista científico e histórico de sus trabajos. Para Voretzsch (1930: 333) los primeros investigadores verdaderamente científicos de la literatura española son Valentin Schmidt (1787-1831), Victor Aimé Huber (1800-1869) y Ferdinand Wolf (1796-1866). Como se ha demostrado recientemente (Schrader, 1991: 10), muchos románticos tuvieron relaciones personales y epistolares con estos primeros investigadores. 

Así, en 1828, tras una estancia en España, durante el “trienio liberal”, Victor Aimé Huber es profesor en Bremen, y más tarde, en 1833, catedrático de lenguas occidentales en Rostock. En 1843 ocupa en Berlín la cátedra de Filología Moderna, y en 1829 publica su célebre Geschichte von Cid Ruy Díaz Campeador, obra de investigación de valor más que histórico. A su vez, Adolph Friedrich von Schack forma parte, con Geibel y Heyse, del célebre círculo de eruditos y poetas creado por el rey de Baviera Maximiliano II. 

Schack fue uno de los pocos hispanistas alemanes que realmente estuvieron largo tiempo en España, lo que le permitió investigar en bibliotecas, y descubrir obras de muy difícil acceso en Alemania. Compuso una valiosa Geschichte der dramatischen Literatur und Kunst in Spanien, que comienza a publicar desde 1845, y en la que, entre otras páginas de interés, ofrece una valiosa comparación entre las Mocedades del Cid de Guillén de Castro y Le Cid de Corneille. Por su parte, Ferdinand Wolf fue desde muy joven bibliotecario de la Biblioteca Imperial Palatina de Viena. Publicó numerosos y amplios artículos y reseñas, de clara orientación romántica. Sin duda su contribución más destacada es la Floresta de rimas modernas castellanas [...] desde el tiempo de Ignacio Luzán hasta nuestros días, publicada en 1856.

La filología románica comienza a consolidarse como disciplina académica en las universidades alemanas en torno a 1830. No obstante, la hispanística no llega a constituir una rama científica independiente de la romanística al menos hasta la segunda mitad del siglo XX, al contrario de lo que sucedió en Francia, donde ya existían, desde mediados del XIX, seminarios sobre “Études hispaniques”.

Tras el Tratado de Versalles, Alemania necesita romper su aislamiento, y buscar nuevas alianzas y relaciones culturales. En esta búsqueda de nuevos valores resurge en el siglo XX el mundo hispánico. El hispanismo alemán en la República de Weimar presenta características históricas muy específicas (Salas y Briesemeister, 2000). Karl Vossler, como Ernst Robert Curtius[2], puso de relieve los “valores eternos” de lo español como normas ejemplares de importancia fundamental para superar la crisis moral de la Alemania de post-guerra. En su artículo “La importancia del aprendizaje de las lenguas románicas” (“Bildungswert der romanischen Sprachen”, 1922), Vossler propone la enseñanza del español frente al francés. España se convierte tras la I Guerra Mundial en una cultura de amparo y de alternativa para Alemania, en un ejemplo de reflexión en la crisis, a través de lo que fue la Generación del 98 tras la pérdida de las últimas colonias de Cuba y Filipinas. No hay que olvidar a autores protestantes, como Gustav Diercks o Franz Kuypers, en el hispanismo alemán (Diercks, 1908), conocedores y entusiastas de España, y que insistieron de modo particular en el atraso cultural y científico de la España del siglo XIX. Respecto al hispanismo alemán durante los años del nazismo, véanse los trabajos de Antonio Peter (1992).



3. El futuro del Hispanismo alemán[3]

Desde sus orígenes, la evolución de la romanística alemana, y dentro de ella, de la hispanística, se desarrolla al lado y en presencia de la filología clásica. Sin embargo, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, los estudios de lenguas y literaturas clásicas, es decir, grecolatinos, experimentan una muy grave devaluación en la formación cultural de las nuevas generaciones de estudiantes. Paralelamente, a lo largo del siglo XX, el hispanismo alemán se ha definido sobre todo como filología y lingüística[4]

Y en las últimas décadas del siglo XX, así como en los años que llevamos del XXI, la universidad alemana parece haber ido reduciendo la práctica del hispanismo a la recepción del “latinoamericanismo”[5], a la vez que parece haber sustituido el estudio de la literatura por la atracción psicologista hacia la cultura, embargada acríticamente en los estudios culturales, los estudios de género y el discurso irracional de la posmodernidad. Son muy contadas las excepciones —excepciones que son lo más valioso y sobresaliente el hispanismo alemán contemporáneo— que no participan en esta corriente masiva de interpretación posmoderna. Y debe añadirse, además, que el modelo universitario que trata actualmente de imponerse en Europa, a través de los denominados acuerdos de Bolonia, es sin duda un modelo de imitación estadounidense y de manufactura anglo-germana, de cuyos resultados me permito dudar más que sobradamente, excepto en lo que se refiere a una óptima formación de acríticos y sumisos funcionarios, cuya preparación tendrá lugar a cambio de reducir la universidad a una escuela de negocios. Me atrevo a afirmar que, por primera vez en la historia de los estados modernos, el Estado se servirá de los acuerdos de Bolonia para dejar de responsabilizarse en materia de Letras de la educación científica, y limitarse en exclusiva a la formación administrativa de sus ciudadanos. 

El estudio de la literatura deja de ser un ámbito del que se responsabilizan las instituciones del Estado, de modo que serán ahora los gremios (feministas, culturalistas, financieros, religiosos…) los que harán un uso libérrimo de la literatura, como un pretexto y una materia que, por supuesto al margen los conocimientos científicos y académicos, podrán manipular ideológicamente, para justificar e imponer de forma dogmática —sin verificaciones científicas— sus idealismos morales y sus psicologismos fideístas. 

Estos gremios son la nueva inquisición, legisladora de lo políticamente correcto y artífice de cuantas estulticias se derivan de ello. Y he de decir, pese a quien pese, que en la universidad alemana de nuestros días estas tendencias han arraigado con mayor fuerza que en ningún otro país europeo. Hegel no tendría hoy cabida en ninguna cátedra de Filosofía ofertada por el Estado alemán. Y no solo por ser hombre[6].






Notas

[1] Sobre el intenso intercambio cultural entre España y Alemania durante el Romanticismo europeo, vid. especialmente Hoffmeister (1976: 123-152) y Brüggemann (1956: 1-46).

[2] “Wenn die Auslandsstudien wahrhaft fruchtbar werden sollen, […] dürfen sie nicht bloße Sachkunde sein, sie müssen Seelenkunde werden. Wir brauchen nicht nur Hispanisten. Wir brauchen vor allem Hispanophile” (Curtius, 1926: 678).

[3] Del Hispanismo alemán como modelo comparatista durante la segunda mitad del siglo XX me ocupo en el epígrafe siguiente al dedicado al dominio americano, vid., pues, más adelante, el apartado 3.3, sobre el curso historiográfico de la Literatura Comparada.

[4] En los últimos años del siglo XX se desarrollan en el hispanismo alemán estudios de índole culturalista. Vid., entre otros, Albes (1996), que investiga la propaganda y la opinión pública en las relaciones exteriores de Alemania frente a España, y Pöppinghaus (1999), quien analiza la cultura y la política en las relaciones germano-españolas durante los años 1919 y 1933.

[5] A lo largo del siglo XIX, y bajo la estética, poética y retórica de un Romanticismo anglosajón y anglogermano, la Leyenda Negra antiespañola no deja de enriquecerse con tópicos extraordinariamente significativos y penetrantes. Pintura, literatura, ópera, teatro, música, periodismo…, sirven de cauce a tales propósitos. En este contexto surge el término América Latina, o Latinoamérica, en sustitución de Hispanoamérica, a fin de disolver, borrar o atenuar la presencia española en el nuevo continente. Iván Vélez señala que el origen de tal término puede identificarse en Venecia, el 26 de septiembre de 1856, en el poema «Las dos Américas», del escritor colombiano José María Torres Caicedo: “Mas aislados se encuentra, desunidos, / Esos pueblos nacidos para aliarse: / La unión es su deber, su ley amarse: / Igual origen tienen y misión; / La raza de la América Latina, / Al frente tiene la sajona raza, / Enemiga mortal que ya amenaza / Su libertad destruir y su pendón” (Vélez, 2014: 212). El más elemental cometario de texto constata en el poema la toma de conciencia de una alianza de Hispanidad frente a un depredador común y exterior. Sin embargo, el término latinidad pasará a disociarse del de Hispanidad, y significar algo parecido a indigenismo. Lo cierto es que los latinos eran los antiguos habitantes del Lacio ―Latio―, esa llanura que, al sur de la antigua Roma, se extendía hacia la costa, y cuyos habitantes hablaban latín, una lengua que penetra en la península itálica hacia el año 1000 antes de nuestra Era, lengua que, para más detalles, pertenece al grupo de lenguas indoeuropeas III B, junto con las lenguas occidentales de ese mismo grupo (germánicas, eslavas y célticas). El griego pertenece al grupo de las lenguas indoeuropeas III A, junto con el indoiranio (Rodríguez Adrados, 2013: 307 ss). La cuestión del indigenismo adquiere nueva intensidad al amparo de la posmodernidad, que se sirve de ella muy a su sabor, como “potente ideología disolvente de la Hispanidad” (Vélez, 2014: 308). Rigoberta Menchú, a quien España galardona en 1998 con el Premio Príncipe de Asturias, pretende simbolizar el indigenismo posmoderno. Rigoberta Menchú fue autora de libros cuyos contenidos desmintió, en primer lugar, el antropólogo americano David Stoll, en su obra Rigoberta Menchú y la historia de todos los guatemaltecos pobres, libro que no halló editor en España, hasta que lo publicó en 2002 Nódulo Materialista. Y en segundo lugar, la hispanista noruega Inger Enkvist desmintió también a Rigoberta Menchú en varias de sus publicaciones, entre ellas la titulada “Rigoberta Menchú Tum, un Premio Nobel de la paz que genera polémica” (2007). Ambos investigadores han desmitificado la imagen que Rigoberta Menchú ha dado de sí misma, como analfabeta o paria, que en realidad fue hija de terratenientes y recibió escolarización en colegio de monjas. Para más datos sobre la cuestión del indigenismo desde la crítica del Materialismo Filosófico, vid. Bueno Sánchez (2002).

[6] Al mas puro estilo estadounidense, en las plazas ofertadas por las universidades alemanas puede leerse sistemáticamente este mensaje: “Bewerbungen von Frauen sind ausdrücklich erwünscht und werden bei gleicher Eignung, Befähigung und fachlicher Leistung bevorzugt berücksichtigt”. El subtexto es inequívoco y vergonzoso: si eres hombre, ni eres destinatario de este enunciado ni de sus contenidos. Es decir, este segmento de la convocatoria, no es para ti, porque debes saber que, en igualdad de condiciones, no serás preferido en el puesto. ¿En igualdad de condiciones? ¿Es que hay curricula gemelos? ¿Es que un tribunal no es capaz de establecer diferencias curriculares si no apela al sexo del candidato o de la candidata? ¿Es que hormonas y genitales son ahora elementos diferenciales para ejercer la docencia y la investigación? ¿Es que hay que acudir al sexo para valorar y discriminar las condiciones laborales? El texto de semejante mensaje es explícito y ofensivo, tanto para las mujeres (a las que considera personas desanimadas por naturaleza) como para los hombres (a los que da por supuesta una capacidad anímica apriorística y acrítica), porque impone una delación aberrante, en virtud de la cual les está diciendo: como vosotras, las mujeres, no os presentáis a estos puestos por déficit anímico, se os anima explícitamente a que os presentéis. En nombre de una igualdad de derechos, algo así es socialmente intolerable y académicamente vergonzoso.




Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «El Hispanismo alemán como Modelo Comparatista», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 8.3.2.2), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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