I, 8.3.2.1 - El dominio francés: desde la Historia Literaria


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices





El dominio francés: desde la Historia Literaria

Referencia I, 8.3.2.1




Fernand Baldensperger (1871-1858)
La historiografía de la Literatura Comparada considera que en Francia los iniciadores de los estudios sobre esta disciplina son Villemain, Ampère y Chasles, y que sus contribuciones, que surgen a lo largo de la segunda y tercera décadas del siglo XIX, determinan el comienzo del comparatismo literario como disciplina científica[1].



1. Primeros autores

En 1828 Villemain explicó en la Sorbona un Cours de littérature française, del que se publicarían al año siguiente algunos apuntes taquigráficos revisados. Este curso estaba consagrado al estudio de las mutuas influencias literarias entre Inglaterra y Francia, y a la influencia francesa en la cultura italiana durante el siglo XVIII, insistiendo en las posiciones críticas y metodológicas que en aquella centuria propiciaron el estudio comparado de las literaturas, al que se considera como una “filosofía de la crítica”. Todo ello revela, desde sus comienzos, que la expresión “literatura comparada” —utilizada por Villemain en el prefacio de su obra— designaba de forma más o menos latente una intención metodológica y crítica.

Villemain declaró que una de las principales pretensiones de su curso era la de mostrar “par un tableau comparé ce que l’esprit français avait reçu des littératures étrangères, et ce qu’il leur rendit”, al margen de Alemania, ya que, amén de desconocer su lengua, estimaba que Madame de Staël lo había estudiado con suficiencia y actualidad (Vauthier, 1913). En 1928 y 1929, Villemain publicó en cuatro volúmenes el contenido de sus cursos en la Universidad de París, con el título de Tableau de la littérature au XVIIIe siècle, y un año después, en 1930, edita su Tableau de la littérature au Moyen Âge en France, en Italie, en Espagne et en Angleterre.

El 26 de octubre de 1826, en carta a su amigo Cousin, Ampère le confiesa su intención de dedicarse a la “littérature comparée de toutes les poésies”. Latinista y germanista interesado por las literaturas orientales (La science et les lettres en Orient, 1865), escandinavas, y checa (Littérature et voyages, 1833), el 12 de marzo de 1830 pronuncia la lección inaugural del Ateneo de Marsella, con una disertación acerca de la poesía nórdica, desde los cantos Eddas hasta la dramaturgia de Shakespeare, y sostiene que el conocimiento de la literatura es una ciencia que pertenece tanto a la Historia como a la Filosofía, de modo que “c’est de l’histoire comparative des arts et de la littérature chez tous les peuples que doit sortir la philosophie de la littérature et des arts”. En 1832 Ampère pronuncia en la Sorbona una lección inaugural titulada “De la littérature française dans ses rapports avec les littératures étrangères au Moyen Âge”, donde sostiene que sin el estudio comparativo “l’histoire littéraire n’est pas complète”.

El ideario comparatista de Ampère se encuentra recogido en sus Mélanges d’histoire littéraire et de littérature (1867), donde expone su concepción universalista de la literatura, a cuya comprensión pretende acceder mediante el estudio de la histoire y la philosophie de la literatura (Schlocker-Schmidt, 1961). Saint-Beuve, en sus artículos de la Revue des Deux Mondes del 15 de febrero de 1840 y del 1 de setiembre de 1868, atribuía a Ampère el mérito de la “histoire littéraire comparée”.

El 17 de enero de 1835 Chasles pronuncia en el Ateneo de París una conferencia sobre Literatura Comparada, publicada días después en la Revue de Paris, en la que proponía relacionar la historia de la literatura con la historia de la política y de la filosofía, con el fin de elaborar una auténtica historia del pensamiento que mostrara las “nations agissant et réagissant les unes sur les autres”: “rien ne vit isolé; le véritable isolement, c’est la mort [...]. Tout le monde emprunte à tout le monde: ce grand travail de sympathies est universel et constant”. Chasles continuaría sus estudios sobre literatura comparada en el Colegio de Francia, entre los años 1841 y 1872, ofreciendo abundantes textos y estudios sobre Rabelais, Aretino, Shakespeare, Alarcón, Antonio Pérez, Calderón, Carlo Gozzi, Hölderlin, Jean-Paul, Coleridge, Dickens, Oehlenschlänger, Turgueniev..., algunos de los cuales se reeditaron en París en 1947 (Levin, 1957; Pichois, 1965).

A lo largo del siglo XIX han ido apareciendo diferentes obras que inducen a autores como Pichois y Rousseau (1967: 17/1983: 20) a afirmar que en torno a 1840 la Literatura Comparada goza de un reconocido estatuto disciplinar y metodológico, encarnado en trabajos como la Histoire comparée des littératures espagnole et française de Puibusque (1843), la Histoire des lettres (Cours de littératures comparées) de Duquesnel (1845), la Influence de l’Italie sur les lettres françaises, depuis le XIIIe jusqu’au règne de Louis XIV de Rathéry (1853), Allemagne et Russie. Études historiques et littéraires de Saint-René Taillandier (con prefacio de Taine, 1856), Shakespeare en France sous l’Ancien Régime de Jusserand (1898), el Corneille, Shakespeare et Goethe. Étude sur l'influence anglo-germanique en France au XIXe siècle de Reymond, prologado por Saint-Beuve en 1864, y Le origini dell’epopea francese (1884) y Le fonti dell’Orlando furioso (1896), ambas de Pio Rajna.

En 1895 tiene lugar en Francia y en la Suiza francesa la lectura de dos tesis doctorales cuya importancia sobrepasa sus circunstancias históricas inmediatas. Se trata de las obras de Betz, hombre de reconocida formación políglota, como tantos otros comparatistas modernos (nacido en Nueva York de padres alemanes, estudiante en Zúrich...), dedicada a la presencia e influencias de Heine in Frankreich, y de Texte, sobre J. J. Rousseau et les origines du cosmopolitisme littéraire, donde estudia, entre otros aspectos, la aportación de Rousseau (viajero, exiliado, apátrida...) al comparatismo literario, al descubrimiento de Inglaterra por Voltaire (Essai sur la poésie épique, 1733) y otros escritores franceses del siglo XVIII, a la relación entre las literaturas septentrionales y meridionales de Europa, y a las últimas posibilidades de conocimiento directo de las literaturas antiguas.

En 1896 Texte accede a la primera cátedra francesa de Literatura Comparada, en la Universidad de Lyon, que ocupará hasta su temprana muerte, en 1900, en que es sustituido por el alsaciano Baldensperger, estudioso por entonces de la obra de Goethe en France (1904), y creador en 1910 de la primera cátedra de Literatura Comparada de la Universidad de la Sorbona. Baldensperger concluyó también en 1904 la última de las ediciones de una primera bibliografía sobre Literatura Comparada iniciada en 1897 por Betz, y que su muerte interrumpió en 1903, cuando alcanzaba los más de seis mil títulos.

Durante los mismos años, Loliée publica un estudio en el que pretende justificar como científicas las investigaciones realizadas en el campo del comparatismo literario, apoyándose en el método de la evolución histórica, afín a los postulados del positivismo decimonónico, titulado L’évolution historique des littératures, histoire des littératures comparées, des origines au XXe siècle (1903), y traducido al inglés en 1906 con el título de A Short History of Comparative Literature from the Earliest Times to the Present Day. En 1890-1891 Brunetière había dictado un curso sobre Literatura Comparada en la École Normale Supérieure; en 1900, coincidiendo con la Exposición Universal, se celebra en París el Congreso Internacional de Historia Comparada, donde se elige a Gaston Paris como presidente de honor de la sección de Historia de las Literaturas Comparadas, y se declara la insuficiencia del estudio de las literaturas nacionales para la adecuada comprensión de la historia literaria y el mejor conocimiento de los movimientos artísticos de Europa y el mundo occidental.

Desde fines del siglo XIX y comienzos del XX surge en Francia un conjunto de hispanistas cuyas obras se inscriben, de forma más o menos inmediata, por sus comentarios e implicaciones, en el ámbito de la Literatura Comparada. Piénsese, por ejemplo, en los estudios de Lanson sobre “Études sur les rapports de la littérature française et de la littérature espagnole au XVIIe siècle, 1600-1660” (1896), reimpresos en 1964 como modelo de comparatismo literario. El hispanismo francés, incluso con anterioridad a la obra de Lanson, estaba representado por dos autores a los que separan diferencias de método y concepto en su estudio de la literatura española, Morel-Fatio (1925) y Foulché-Delbosc (1920-1925). A estos nombres conviene añadir el de Faguet, fundador y director de la Revue latine, publicada entre 1902 y 1908, y cuyo subtítulo rezaba Journal de littérature comparée.

El interregno entre las dos guerras europeas resultó relativamente fecundo para el comparatismo literario, ya que su desarrollo sirvió en cierto modo de acercamiento entre los diferentes pueblos beligerantes. De esta forma, la reaparición de la Nouvelle Revue Française agrupa a Gidé con los alemanes Curtius y Mann; el mismo tono de concordia se pretendió desde la Revue de Genève, dirigida por Traz, mientras que Baldensperger y Hazard fundan en 1921 la Revue de Littérature Comparée, y una colección de anejos bajo la rúbrica de “Bibliothèque de la Revue de littérature comparée”. Tras la I Guerra Mundial, en 1919, el gobierno de París concedió a la recién incorporada Universidad de Estrasburgo la tercera cátedra francesa de Literatura Comparada, después de las de Lyon y París.



2. El comparatismo de Baldensperger

La escuela de los comparatistas franceses dirigida por Baldensperger (1921), agrupada en torno a la Revue de Littérature Comparée, circunscribe la práctica de la Literatura Comparada al estudio de las relaciones entre dos literaturas, especialmente a través del concepto de influencia literaria. Buena parte de los estudios comparatistas de esta escuela francesa se consagró al seguimiento e influencias de la obra de Goethe en Francia e Inglaterra, y de Ossian, Carlyle y Schiller en la literatura francesa, insistiendo especialmente en cuestiones como las del renombre, la fama o los modos de penetración y difusión.

Metodológicamente, Baldensperger y sus discípulos desarrollan modelos de interpretación destinados al estudio de la obra de autores concretos en relación a sus circunstancias históricas, atendiendo de modo muy especial a los diferentes factores y posibilidades de transmisión, influencias y relaciones internacionales (publicaciones periódicas, traducciones, viajes, círculos y tertulias culturales, intercambios literarios y recepción social de la obra, fama y renombre...), cuyo conjunto descubre la existencia de relaciones internacionales y continuidades históricas esenciales en el nacimiento y desarrollo de las literatura europeas.

Sin embargo, desde comienzos del siglo XX, el concepto de littérature comparée, propuesto por Baldensperger y su escuela, no fue ajeno a objeciones metodológicas, que insistieron en la carencia de un sistema de normas objetivables en el estudio de las influencias comparatistas. En este sentido, como advirtió Croce en sus estudios sobre estética y literatura comparada, no se aprecia la diferencia metodológica entre un estudio sobre la influencia de Fausto en la lírica inglesa del siglo XIX y otro dedicado al análisis de la pervivencia de los mitos clásicos en el teatro europeo moderno. Del mismo modo, autores como Wellek y Warren advertían en 1949 que “así concebida, la ‘literatura comparada’ presta primordial atención a los factores externos; y el ocaso de la ‘literatura comparada’ en decenios recientes refleja el general desvío con respecto a los simples ‘hechos’, las fuentes e influencias” (Wellek y Warren, 1949/1985: 60).

En definitiva, el primer grupo de comparatistas franceses, cuyo principal representante es Baldensperger, se caracterizó metodológicamente por su tendencia bipolar hacia el internacionalismo, frente al modelo norteamericano posterior, más atento a los criterios plurales de la supranacionalidad[2]. El modelo francés tendía a identificar la Literatura Comparada con el estudio de las relaciones literarias internacionales, dispuestas con frecuencia de forma binaria (autor → obra; autor→ país; autor → estilo...), y orientadas hacia tres objetos de estudio principales: los fenómenos de influencia, la historia de las ideas (religión, ciencia, filosofía, bellas artes...), y el papel de los intermediarios (traducciones, diccionarios, viajes, críticos y periodistas...).

En primer lugar, el estudio de los fenómenos de influencia comprende la consideración de los tránsitos e intercambios culturales desde el punto de vista de las literaturas nacionales, es decir, el estudio de las formas, procedimientos y objetos de comunicación literaria internacional[3]. En segundo lugar, el modelo comparatista de Baldensperger concedía una singular importancia a la historia de las ideas (ideología, religión, filosofía, ciencia, estética, etc., que ha sido sostenida hasta época relativamente reciente por autores como Pichois y Rousseau (1967), tras haber sido muy apreciada en el período de entreguerras por Hazard, en su Crise de la conscience européenne (“Idées et sentiments”, 1935), y especialmente por Tieghem, quien en su manual sobre La littérature comparée (1931) dedica amplísimos comentarios al análisis de las influencias literarias internacionales y a la historia de las ideas. En tercer lugar, el comparatismo francés de principios de siglo se apoya de forma decisiva en la noción de intermédiaire, con objeto de designar ante todo a aquellas personas que, como traductores, críticos, viajeros, editores de libros y revistas, biógrafos, sociólogos, autores de diarios o diccionarios, etc..., desempeñaron funciones de mediación e intercomunicación entre autores, naciones y movimientos culturales (Jost, 1974)[4].

En 1928, a instancias de Tieghem, tiene lugar en Oslo la celebración del VI Congreso de Ciencias Históricas, en que se dispone la fundación de la Comisión Internacional de Historia Literaria Moderna y se proyecta la redacción colectiva de obras de referencia bibliográfica y de consulta, si bien solo una de ellas llegó a ver la luz, en 1937, el Répertoire chronologique des littératures modernes, bajo la dirección del promotor y con la colaboración de historiadores de más de veinticinco países. Muy poco antes del comienzo de la II Guerra Mundial, en la primavera de 1939, tuvo lugar la última reunión de esta comisión, en Lyon, tras haberse dado cita con anterioridad en los congresos de Budapest (1931) y Ámsterdam (1935).



3. La influencia francesa

En Suiza, los estudios de Literatura Comparada encuentran una situación particularmente favorecida por la pluralidad de lenguas y comunidades culturales. Un estudio de las manifestaciones literarias de la Confederación Helvética permitiría hablar de hasta cinco lenguas con tradición literaria: latín, alemán, francés, italiano y dilecto romanche o retorrománico (lengua esta última representada por el uno por ciento de la población suiza, oficial desde 1938, y cultivada literariamente por poetas como Lansel, Guidon y Caflish, narradores como Nay y críticos como Decurtins).

El latín, lengua principal de humanistas y científicos, tuvo un uso francamente limitado, si bien perduró hasta el siglo XVIII, declinando progresivamente hasta ceder el paso a las actuales lenguas oficiales, y legando un patrimonio literario de indudable interés, en el que figura, por su singularidad en la historia de la lingüística, el ensayo Mithridates (1555), del erudito Konrad von Gesner, quien intentó un estudio crítico y comparativo de todos los idiomas por él conocidos.

La literatura suiza en lengua alemana ocupa por su volumen y trascendencia un lugar predominante respecto a las demás. En lo que se refiere a la Literatura Comparada, desde comienzos del siglo XVIII, la labor de Bodmer y Breitinger, miembros de la Escuela de Zúrich, resulta decisiva en la difusión de la obra de Milton y Percy en Alemania, así como en el curso del siglo XIX merecen especial mención, en la creación literaria, la novela de Wyss, titulada El Robinsón suizo (1812), y en la crítica histórica los estudios de Burckhardt (1860) sobre el Renacimiento italiano, y la fundación de una escuela de investigadores que hallaría su culminación en la teoría estética de Wölfflin. En nuestros días, la crítica literaria y cultural suiza en lengua alemana encuentra ilustres exponentes en la obra de Rychner, Ernst, Zbinden y Staiger.

El surgimiento de la literatura en lengua francesa es posterior a la época reformista, y ha contado desde entonces con un abundante e ilustre número de representantes, en relación al más bien exiguo porcentaje de población francófona. Es indudable que la labor reformista de Calvino contribuye en el siglo XVI a la difusión y consolidación del francés en la ciudad de Ginebra, si bien hasta 1725 no aparecen en lengua francesa textos que relacionen algunas de las comunidades literarias europeas y que den testimonio de sus intercambios culturales, como es el caso de las Lettres sur les Anglais et les Français (1725), del bernés Muralt. La obra y el pensamiento de Rousseau, De l’Allemagne (1813) de Mme. de Staël, la Histoire des républiques italiannes du Moyen Âge (1807-1818) y De la littérature du midi de l’Europe (obra esta última editada en tres ocasiones a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, 1813, 1819 y 1829), ambas de Sismondi, y el ensayo de Bonstetten L’homme du midi et l’homme du nord (1824), dan testimonio de los valiosos intercambios europeos desarrollados en Suiza durante el siglo XIX, a los que podría añadirse en nuestra época la producción ensayística de Rougemont.

En 1850, la Academia de Lausana, en Suiza, invita a Joseph Hornung, historiador comparatista del Derecho, a impartir un curso de Literatura Comparada. Desde ese mismo año, en la Universidad de Ginebra, Albert Richard imparte una enseñanza semejante desde su cátedra de Literatura Moderna Comparada, en la cual le sucede, en 1871, Monnier, continuador de la línea historicista de Burckhardt, quien fue a su vez sustituido años más tarde por Edouard Rod, fallecido en 1895, y cuya muerte representó la supresión de esta cátedra, si bien había proporcionado a la Suiza francesa la continuidad docente de esta disciplina. En 1897, Virgile Rossel sintetiza, en su Histoire des relations littéraires entre la France et l’Allemagne, las principales aportaciones de Carrière y Süpfle al comparatismo literario europeo. Respecto a la literatura suiza en lengua italiana, una figura preeminente durante la época de la Ilustración fue Francesco Soave, traductor de Locke y Gessner al italiano, y autor de las Novelle morali (1782-1784), de gran influencia en la literatura italiana del siglo XVIII. En la actualidad Suiza posee cátedras universitarias de Literatura Comparada en Basilea, Friburgo y Zúrich, que han sufrido no obstante vacantes intermitentes a lo largo del siglo XX, y cuenta con instituciones dedicadas a su estudio e investigación en ciudades como Ginebra y Neuchâtel, en esta última desde 1967.

En Bélgica los estudios de Literatura Comparada solo se imparten en el ámbito universitario, especialmente en la Universidad Libre de Bruselas y en la de Lieja, en lo que se refiere a la comunidad francesa. Los estudios de comparatismo literario han tenido en Bélgica a Charlier como maestro indiscutible, desde su obra de 1937 Les lettres françaises de Belgique, reeditada en 1944, en que se propone estudiar un fenómeno “en apparence singulier: une littérature se développant dans une langue qui lui est commune avec la littérature nationale d’un autre pays” (Charlier, 1944: 8); Baur y Mortier pueden considerarse como representantes y continuadores de las contribuciones de Charlier.

En torno a 1880 comienzan a articularse en Holanda los estudios de Literatura Comparada, que encuentran su máximo representante en la obra de Kalff, y con anterioridad en la del estudioso Clercq, quien en su Verhandeling over den invloed welke vreemde letterkunde, de 1823, reflexionó sobre la influencia de las literaturas española, italiana y alemana en la neerlandesa.

Sin embargo, los esfuerzos para la coordinación y desarrollo en Holanda de los estudios comparatistas no debieron hallarse exentos de dificultades, ya que hasta 1948 no se crea el Instituut voor vergelijkend Literaturonderzoek (Instituto de Ciencia Literaria Comparada), cuyas actividades han transcurrido paralelas a las del Instituto de Literatura General, creado en 1962. Por las mismas fechas, pero con programas limitados fundamentalmente a un ámbito nacional, se crea en Leiden el Sir Thomas Browne Institute, dedicado de forma exclusiva y altamente especializada al estudio de las relaciones culturales entre Inglaterra y Holanda. Solo en 1957 se crea en la Universidad de Ámsterdam la primera cátedra holandesa de Literatura General y Comparada.

En Dinamarca, los estudios comparatistas encuentran en Brandes su principal representante, como introductor en su país del naturalismo y del nuevo enfoque social y psicológico de los estudios literarios dominantes en Europa, principalmente en dominios como Francia e Inglaterra. De 1870 data su tesis doctoral, sobre La estética francesa contemporánea, en que adopta el método crítico de Taine y supera relativamente su hegelianismo inicial. Al margen de sus Estudios estéticos (1868), a los que siguieron unas Críticas y retratos (1870), su contribución más importante al ámbito de la Literatura Comparada se cifra, de un lado, en sus libros de viajes por diferentes países europeos, especialmente Inglaterra, donde conoció a Mill, del que realizó algunas traducciones y recibió notorias influencias, y Rusia, cuya presencia se manifiesta en obras como Lassalle (1881) e Impresión de Rusia (1889), y, de otro lado, en un curso de conferencias impartidas durante el otoño de 1871 en la Universidad de Copenhague sobre Las principales corrientes de la literatura europea del siglo XIX.

La obra de Brandes aglutina influencias de diferentes autores europeos, especialmente alemanes e ingleses, entre los que figuran Nietzsche, en sus biografías sobre Heine e Ibsen, que fueron seguidas en la segunda década del siglo por las de Goethe, Voltaire y Miguel Ángel. Sin duda su obra principal está constituida por una colección de estudios sobre la historia de la literatura europea del siglo XIX, cuya publicación concluye en 1884, con la sistematización de su ideario comparatista, impartido en 1871 en la Universidad de Copenhague. En esta obra considera que las relaciones e influencias internacionales de las literaturas europeas habían encontrado su momento álgido durante el primer tercio de siglo, con la rápida difusión que adquieren entonces las corrientes literarias e ideológicas, los planteamientos filosóficos y acontecimientos políticos.






Notas

[1] “Como mis predecesores, yo destaco la inicial contribución francesa, hacia 1830 [...]. En lo esencial, los estudios comparativos propiamente dichos surgen durante el tránsito del siglo XVIII al primer Romanticismo del XIX” (Guillén, 1985: 38).

[2] “Históricamente, no hubo “escuela” (término impropio del siglo XX), francesa; ni desde luego americana. Prefiero hablar de una hora francesa: de un período de tiempo —de fines del XIX hasta poco después de la segunda guerra— en que predominó el ejemplo de los comparatistas franceses, imitados por estudiosos de variado pelaje, de acuerdo con unas orientaciones que pueden reducirse a un simplificado modelo conceptual. Teóricamente, nos hallamos ante dos modelos opuestos, el uno internacional y el otro supranacional; pero que en la práctica, según vengo advirtiendo, se implican mutuamente” (Guillén, 1985: 66). Al margen de nomenclaturas retóricas, del tipo “hora”, o de nomenclaturas académicas, del tipo “escuela”, lo cierto es que el comparatismo francés y el norteamericano funcionaron como dos dominios en relación dialéctica, desde los cuales se trató de monopolizar histórica y metodológicamente el desarrollo de la Literatura Comparada a lo largo del siglo XX.

[3] “Lo más representativo es el estudio de influencias. Por ejemplo, de la de Goethe en Francia; o de Goethe en Dinamarca. La de Petrarca en la poesía española, inglesa o polaca del siglo XVI. La de Rilke, la de Valéry, la de Kafka en nuestro siglo. El punto de partida suele ser un gran escritor. O lo mismo un pensador cuyas ideas se extienden y generalizan: Nietzsche y la generación española del 98...” (Guillén, 1985: 66).

[4] “Tratándose de historia literaria, había que averiguar cómo había sido posible que, franqueando tantos obstáculos, superando tales distancias, A hubiese llegado hasta B, es decir, tertium datur, un tercero en concordia: el traductor, el crítico, el director de teatro, la revista. El acopio de incontables datos de índole biográfica, sociológica, bibliográfica o anecdótica, instauró una curiosa especialidad del comparatismo. ¿Vestíbulo de la lectura misma? ¿Laboratorio de investigaciones preliminares? ¿Hilfswissenschaft? Aludo a la consideración de viajes y libros de viajes, artículos de periódicos, revistas consideradas en su acción de conjunto, traducciones, diccionarios, compañías de actores ambulantes; y también la enseñanza de idiomas, los críticos, los cenáculos y otros componentes que son como las mallas de una gran red literaria internacional” (Guillén, 1985: 68).




Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «El dominio francés: desde la Historia Literaria», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 8.3.2.1), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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