I, 8.3.1 - Del núcleo y los orígenes del proyecto comparatista


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices





Del núcleo y los orígenes del proyecto comparatista

Referencia I, 8.3.1




CC0 1.0
El concepto universalista que desde el siglo XVIII adquiere el ser humano de la literatura y sus manifestaciones fenoménicas no encuentra precedentes en la historia de la poética. Es indudable que la existencia de determinados hechos y acontecimientos de la historia del pensamiento europeo —y subrayo lo de europeo, dado que a las sociedades políticas de este continente corresponde el hecho de haber instituido la literatura como objeto de estudio científico—, a los que me referiré a continuación, han sido causa importante en la génesis de esta noción metódica y disciplinaria a la que denominamos desde Villemain (1828) Literatura Comparada, la cual designa ante todo, frente a los planteamientos de la tradición antigua, anterior al siglo XVIII, un nuevo modo de acercamiento intertextual, de naturaleza dialéctica, paralela o analógica, al estudio de los materiales literarios[1].

De no haberse producido durante el siglo XVIII los cambios y acontecimientos que hoy conocemos y estudiamos desde diferentes metodologías y disciplinas, es muy probable que el nacimiento y desarrollo del comparatismo literario fuera otro muy distinto al seguido realmente, y acaso no sería posible partir de una perspectiva unitaria, de un concepto seguro de unidad, resultante de un pensamiento objetivo y fundamentado en sus procesos de conocimiento, que permitiera identificar en un conjunto estable de modelos la multiplicidad, continuidad e interconexión de las manifestaciones literarias. Solo con posterioridad a la centuria setecentista percibe el pensamiento humano racionalista relaciones esenciales de unidad entre conjuntos literarios supranacionales.

La literatura occidental, por lo menos, forma una unidad, un todo: no cabe poner en duda la continuidad entre las literaturas griega y latina, el mundo medieval occidental y las principales literaturas modernas; y sin menospreciar la importancia de las influencias orientales, sobre todo la de la Biblia, hay que reconocer una íntima unidad que comprende a toda Europa, a Rusia, los Estados Unidos y las literaturas hispanoamericanas. Este ideal fue concebido y, dentro de sus limitados medios, realizado por los fundadores de la historia literaria de comienzos del siglo XIX: los Schlegel, Sismondi, Bouterwek y Hallam (Wellek y Warren, 1949/1985: 61).

¿Tiene sentido preguntarse por qué desde entonces, el siglo XVIII, el ser humano percibe una unidad, una relación de analogía, entre las diferentes literaturas conocidas de forma aislada, una proximidad que hasta entonces no había visto ni imaginado, acaso porque no estaba suficientemente capacitado para comprenderla y disponerla como modo de conocimiento? ¿Dónde sitúa el intérprete de entonces su concepción unitaria de la literatura que convierte en objeto de conocimiento?, ¿en el mundo exterior o en las categorías del pensamiento subjetivo? ¿Dónde está la relación entre el nacimiento y las causas del proyecto comparatista y las nuevas posiciones epistemológicas que se derivan del Idealismo alemán? ¿Por qué entonces, y no en otro momento histórico, el ser humano se siente impulsado a reconocer e investigar una íntima unidad literaria que se identifica en manifestaciones concretas y resulta comprendida universalmente en conjuntos históricos supranacionales? ¿Por qué surge, en suma, precisamente en la Europa del siglo XVIII, el comparatismo como modo de conocimiento dispuesto a revelar saberes y razones literarias?

Desde este punto de vista, trataré de referirme a continuación a algunos de los acontecimientos de la historia del pensamiento que podrían considerarse como determinantes en la génesis del proyecto comparatista.


                                 1. Las poéticas de la Ilustración y el Romanticismo.
                                 2. La disolución de la poética mimética.
                                 3. La polémica entre clásicos y románticos.
                                 4. El liberalismo y el pensamiento idealista.
                                 5. La nueva concepción romántica de la Historia.
                                 6. El desarrollo del método comparatista en las ciencias naturales.





Nota

[1] Guillén ha hablado retóricamente en este sentido del “gran silencio que el concepto neoclásico de cultura —basado en el impacto normativo y la continuidad de una Poética y una Retórica multiseculares— había dejado al desaparecer. La literatura había constituido anteriormente un conjunto estático, regulador, presidido por un ramillete de obras maestras, de dechados, de modelos prestigiosos. He aquí que, con la madurez del siglo XVIII, el vasto edificio se desmorona, que queda resquebrajada, malherida, la vieja unidad o universalidad de las “letras humanas”. Todo lo que sucederá después será una réplica a este descalabro sin igual en la historia de la Poética” (Guillén, 1985: 43).





Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Del núcleo y los orígenes del proyecto comparatista», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 8.3.1), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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