II, 5.4.4 - La novela morisca en el Quijote


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
______________________________________________________________________________________________________________________

Índices





La novela morisca en el Quijote

Referencia II, 5.4.4



Zoraida y el cautivo (Cervantes Project)
La novela morisca tiene en el siglo XVI tres obras de referencia, constitutivas del género: El abencerraje (ca. 1560) de autor anónimo, Guerras civiles de Granada (1595) de Ginés Pérez de Hita, y la “Historia de los enamorados Ozmín y Daraja”, incluida en la Vida de Guzmán de Alfarache (1599) de Mateo Alemán. Sin embargo, el siglo XVII se caracterizará no tanto por dar lugar a nuevas novelas moriscas, sino sobre todo por incorporar partes intensionales o determinantes de la novela morisca como partes integrantes o extensionales de nuevas obras narrativas. En el caso de Cervantes, el Quijote y El amante liberal son los ejemplos más expresivos de esta práctica, caracterizada por introducir en el género de la novela algunas especies paradigmáticas de la novela morisca. Se trata, indudablemente, de partes determinantes o intensionales de este tipo de relatos que operan en el Quijote como partes integrantes o extensionales, a través de figuras como el morisco Ricote y su hija Ana Félix, por un lado, o, por otro lado, de personajes como Zoraida, Agi Morato, el capitán Ruy Pérez de Viedma o los diferentes tipos humanos, entre esclavos, corsarios y renegados, implicados en su huida, rescate o cautiverio. En palabras de Carrasco Urgoiti,

En El Abencerraje confluyen las dos grandes corrientes del arte de ficción: la fabulación idealizadora y la representación de la realidad. Si por el planteamiento del caso y la actuación de los principales personajes la novelita corresponde a la primera categoría, se distancia de ella al prescindir de los elementos maravillosos e incluso las hazañas que atribuyen fortaleza inverosímil a los personajes. Las acciones ejemplares ocurren en un entorno físico y humano comparable al que la vida ofrece, aunque aparezca selectivamente caracterizado. Esta convergencia, que no choca al lector actual, era poco común en la creación literaria del siglo XVI y es uno de los valores de la novela morisca, que con la obra que comentamos (Carrasco Urgoiti, 2001: 58).

“Esta convergencia”, entre la fabulación que evita la inverosimilitud eludiendo lo sobrenatural y la referencia a hechos implicados en situaciones muy conflictivas y complejas de la vida real, que Carrasco Urgoiti identifica en El abencerraje, y que Riley (2001) había objetivado en la amalgama entre el romance y la novela, resultará fundamental en toda la producción narrativa de Cervantes, especialmente en los episodios de Ricote y Ana Félix, por una parte, y de Zoraida y el cautivo, por otra. Las historias de estas parejas de personajes se construyen sobre la amalgama de partes integrantes o extensionales que, apenas unas décadas antes, durante la segunda mitad del siglo XVI, se habían introducido en la literatura como partes intensionales o determinantes no sólo de la novela morisca, sino también de la novela bizantina o de aventuras, e incluso de la novela sentimental, de ascendencia italiana. 

No deja de ser original que en la historia del capitán Ruy Pérez y la joven mora, obsesionada místicamente por la Virgen María, el hecho causal de la futura dicha de los amantes haya sido el cautiverio de uno de ellos, precisamente cuando el género bizantino cifraba frecuentemente en la captura de uno de ellos el comienzo de las desdichas. Tratamientos cervantinos de esta naturaleza remiten una y otra vez, como veremos en el capítulo siguiente, al hablar de las facultades, a una subversión dialéctica en la literatura de Cervantes de los géneros literarios de referencia, sobre los que el autor del Quijote escribe su propia novela.

La causalidad, influencias y consecuencias de la novela morisca, que, procedente de decisivas implicaciones en el romancero y en la novela bizantina, atraviesa la segunda mitad del siglo XVI para impregnar extensionalmente partes integrantes decisivas de buena parte de la literatura del siglo siguiente (Carrasco Urgoiti, 1990, 1996; Morales, 1972), ponen de manifiesto el hecho de que los géneros literarios no responden en su evolución a un sistema, preconcebido o apriorístico, como se ha postulado desde corrientes positivistas y formalistas, según los cuales todo estaría relacionado con todo, ni tampoco a enfoques asistemáticos, de naturaleza posmoderna e idealista, que se afirman sobre la ilusión de que nada está relacionado con nada. 

No, los géneros literarios no responden ni a una evolución sistemática u previsible ni a una configuración asistemática y arbitraria, sino a una combinación o symploké objetivada formalmente en los materiales literarios a lo largo de su historia, de modo que unos géneros están relacionados con otros, pero no con todos. Y esta relación es diamérica, y no metamérica, desde el momento en que se establece no entre totalidades enterizas (la lírica en bloque sobre la novela considerada globalmente), sino a través de partes extra partes, es decir, mediante la relación en symploké entre partes determinantes o intensionales, integrantes o extensionales y distintivas o constituyentes (el endecasílabo petrarquesco en la lírica española, introducido por Boscán y Garcilaso; la asimilación de varias formas del romance en el formato de la novela; la emancipación del entremés, como pieza dramática capaz de autonomía más allá de la sintaxis que motivó su nacimiento como representación subordinada a los entreactos de las comedias; la presencia dialéctica en el Quijote de moriscos como Ricote y Ana Félix, figuras tan contrarias a la idea que de los moriscos mostraban los escritos religiosos y políticos de la época, así como los tópicos sociales del momento, etc.).

Como es bien sabido, los temas de la novela morisca encontrarán en la dramaturgia de Lope de Vega una dilatada expresión escénica, seguida a su vez por diferentes autores, hasta bien entrado el siglo XVIII. Y en el ámbito de la narrativa, de nuevo es obligado citar las palabras de Carrasco Urgoiti a propósito de Cervantes y el Quijote, pues, “aunque no es exacto calificar la historia del Cautivo, que aparece en la primera parte de Don Quijote (1605), como novela morisca, tampoco sería justo desconocer la impronta de tal modalidad novelística en este episodio y otros segmentos cervantinos que reflejan su experiencia de cautiverio y conocimiento de las nuevas fronteras en que se cruzan los destinos de cristianos y musulmanes” (Carrasco Urgoiti, 2001: 79). La novela morisca se nos conserva como un género caracterizado por la liberalidad caballeresca y la tolerancia humana, pero en ella tanto la liberalidad como la tolerancia son idealismos del más alto grado, desde los cuales se ponen de manifiesto precisamente sus contrarios, la intolerancia y la esclavitud.





Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «La novela morisca en el Quijote», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (II, 5.4.4), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...