II, 5.4.2 - La novela pastoril en el Quijote



Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







La novela pastoril en el Quijote

Referencia II, 5.4.2




Quijote I, 11 (Cervantes, Project)
Advierten Sevilla y Rey a propósito de la novela pastoril en la creación literaria cervantina que “sobre todo era un género sumamente convencional y artificioso que, a pesar de ello, estaba abierto a la realidad contemporánea. Y aquí se halla una de las claves fundamentales, si no la definitiva. No en vano Cervantes se dedicó a ahondar esa dimensión y trasladó, en buena medida, la bucólica al duro suelo de la realidad” (Sevilla y Rey, 1996: ix).

El camino de la novela pastoril se abre en la literatura española con la traducción en 1547 de la Arcadia (1504) de Sannazaro[1]. Como sabemos, esta obra supone, para la literatura europea de la segunda mitad del siglo XVI, la renovación de la bucólica grecolatina. En su expansiva tradición italiana se inscriben Amintas (1573) de Tasso e Il pastor fido (1590) de Guarini. Uno de los aspectos decisivos será la incorporación de la prosa a la égloga, lo que hará posible la narración bucólica no limitada al verso, por más que sus contenidos, en torno a la vida idílica de pastores, sigan conservando su primitiva pureza. La corriente innovadora de la novela pastoril triunfa definitivamente con el éxito de Los siete libros de La Diana (1559) de Jorge de Montemayor. Con esta obra se inicia en la literatura española la “nueva égloga”, que se ha denominado novela pastoril[2].

Puede afirmarse, en consecuencia, que la novela pastoril encuentra en la Arcadia de Sannazaro su modelo europeo, y en la Diana de Jorge de Montemayor su realización literaria castellana. De acción escasa, la densidad formal de la obra se encuentra vertida en los diversos diálogos y requerimientos de los personajes, cambiantes y variados, al conformar con frecuencia colecciones de relatos y poemas intercalados, en los que los topica sobre la naturaleza desempeñan un papel primordial. Y ha de subrayarse que el bucolismo en la naturaleza pastoril está determinado por la mitología y el paganismo clásicos. De las diferentes continuaciones que siguieron a la Diana de Montemayor pueden señalarse al menos tres principales: la Diana enamorada (1564), de Gaspar Gil Polo, en la que se abandona la tendencia del neoplatonismo amoroso y se acude a un estoicismo racional como medio de resolución de los problemas; la Segunda parte de la Diana de Jorge de Montemayor, de Alonso Pérez, que introduce elementos caballerescos en el relato pastoril; y la titulada El pastor de Fílida (1582), de Luis Gálvez de Montalvo, que introduce la disposición autobiográfica en su estilo narrativo.

Este género expresa en el formato de la prosa narrativa el mundo de la bucólica poética, que la literatura grecolatina había dispuesto en las formas métricas del verso. Cabe advertir que a tales novedades formales se incorporan contenidos que, en connivencia con la arcadia pastoral, proceden de la novella italiana renacentista y de las narraciones bizantinas griegas. A lo largo de la segunda mitad del siglo XVI español, junto con la novela pastoril, cabe hablar de otros géneros literarios narrativos, como la novella italianizante, la novela de caballerías, la novela bizantina o de aventuras y la novela picaresca. La crítica se ha preguntado por qué Cervantes inicia su carrera literaria con un libro de relatos pastoriles (Sevilla y Rey, 1996: ix). Se han aducido, convincentemente, razones sociales, económicas y psicológicas, al tener en cuenta el círculo de escritores entre los que se movería Cervantes durante los años que siguen a su liberación argelina (1580-1585), el éxito editorial que había supuesto la publicación de la Diana de Montemayor, y el prestigio que entre los humanistas y escritores del último tercio del XVI se profesaba a la literatura eglógica, a cuyo discurso creativo e interpretativo se habían sumado también la filosofía neoplatónica (Ficino, Bembo, Castiglione, León Hebreo...) y la tradición petrarquista (Boscán, Garcilaso...).

Con todo, La Galatea es una obra construida sobre la dialéctica del idealismo literario pastoril, propio del siglo XVI, y del realismo ideológico y social característico de la ética y la poética literarias propias de la incipiente centuria seiscentista. La más superficial lectura de la obra confirma al receptor un sin fin de acontecimientos y de sucesos nada arcádicos ni pacíficos, que tienen lugar precisamente en lo más íntimo de una sociedad relativamente idealista y autóctona[3]. De la Idea de la Arcadia en el Quijote, en relación con el mito de la “nostalgia de la barbarie”, en el contexto del discurso de la Edad de Oro, me ocupo en el capítulo siguiente, relativo a las facultadas, esto es, a la forma de integración o extensionalización de la novela pastoril en esta novela. Remito, pues, al lector a ese apartado —las Facultades o modos de integración—, donde encontrará una exposición muy crítica, pertinente a la inserción en el Quijote de elementos propios de la novela pastoril, interpretados desde la idea de un mito que conviene demoler: el de la “nostalgia de la barbarie”, tan de moda, dicho sea de paso, en nuestra sociedad contemporánea.







Notas

[1] Entre las traducciones de la Arcadia de Sannazaro deben mencionarse las de Blasco de Garay y Diego de Salazar, que realizan la primera al castellano, publicada en 1547, y reimpresa sin grandes alteraciones en 1573, sin adoptar todavía los metros italianos, salvo en un caso muy poco representativo; de la segunda mitad del siglo XVI se conservan, aún manuscritas, tres traducciones de la Arcadia, en la Biblioteca Nacional de Madrid: la de Jerónimo de Urrea (1579), que emplea los tercetos, pero no los esdrújulos, tal como figuran en la obra original; la del Licenciado Viana, que también utiliza los tercetos y ocasionalmente introduce alguna rima esdrújula; y la de Juan Sedeño, que respeta algunos endecasílabos proparoxítonos, aislados, en las églogas VI, VIII, IX y XII (Reyes Cano, 1973).

[2] Entre la bibliografía más reciente sobre novela pastoril, vid. la obra de Dominick Finello (2008), así como sus referencias bibliográficas finales.

[3] “Muertes, raptos, asolamientos, incendios, e incluso la violación de una recién casada, acentúan la quiebra violenta del sosegado mundo pastoril, que entra así en contacto con la más cruel realidad. No hay apenas privacidad en este chocante y renovado ámbito bucólico, cuya vida se parece mucho más a la sociedad contemporánea española que a la de un estado previo a cualquier formulación social, como hipotéticamente debería ser. […] no es tanto un mundo arcádico y mítico, próximo a la Edad de Oro, cuanto un cosmos rural y aldeano, contemporáneo, en el que, junto a los elementos de la bucólica clásica necesarios para mantener a duras penas la convención, predominan aspectos de relación amorosa y social procedentes de la realidad coetánea, puesto que los miramientos de la fama y la honra son fundamentales, y es, a menudo, más importante evitar las murmuraciones que manifestar con autenticidad el sentimiento […]. Como en la vida campesina española de la época, hombres y mujeres van por separado, para evitar el qué dirán, y únicamente se reúnen en las fiestas y celebraciones, tal y como estaba permitido por las rígidas convenciones morales y religiosas del momento. La realidad, una vez más, se enseñorea de la pastoril cervantina. El idealismo cede ante las presiones de la realidad, y al igual que sucede con frecuencia en la vida, el dinero condiciona y modifica las decisiones amorosas y su poder se impone al del amor” (Sevilla y Rey, 1996: ix y xxii-xxiv).






Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «La novela pastoril en el Quijote», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (II, 5.4.2), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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