II, 5.4.10 - La literatura gnomológica y la genología del Quijote


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Crítica de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







La literatura gnomológica y la genología del Quijote

Referencia II, 5.4.10




Cervantes Project - TAMU
La literatura gnomológica, sapiencial o parenética, lejos de ocupar un lugar tangencial o secundario en el Quijote, constituye, a mi juicio, uno de los núcleos esenciales de la genealogía de la obra cervantina.

A Francisco Rodríguez Adrados debemos, inequívocamente, la originalidad de esta tesis, y muy justo es reconocerlo, sobre todo porque no tengo constancia de que ningún cervantista haya prestado suficiente atención a los trabajos de este helenista acerca de la genología del Quijote[1]. Adrados considera que el género literario al que pertenece la obra mayor de Cervantes es resultado de un crisol entre la novela realista antigua de contenido popular, la literatura de los cínicos y los libros parenéticos, gnomológicos o sapienciales de la más remota tradición. En concreto, Adrados apela directamente a la anónima Vida de Esopo, como pieza clave en la génesis de la genología literaria en la que cabe adscribir no solo al Quijote, sino también a buena parte de la obra narrativa de Cervantes, en particular, novelas como El licenciado Vidriera, El coloquio de los perros o el Persiles[2]. Cito directamente a Adrados:

Yo proponía […] que el Lazarillo y, antes, el Libro de Buen Amor […] procedían en definitiva de la Vida de Esopo y que eran el precedente del Quijote, que a su vez remontaría a ella, directamente o no. E igual La lozana andaluza y otras obras más. Y, fuera de España, el Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, y el Bertoldo de Della Croce […]. Sí señalo que el tema del amo y el criado, más el del viaje, más el realismo y las sátiras de Sancho y su afición a las máximas y a las anécdotas chistosas, entran en el mismo género de la Vida de Esopo […]. [Cervantes] vivía difícilmente de la literatura, tenía en ella gustos al tiempo populares y modernos. Sin un punto de partida antiguo no habría literatura posible: para él, fue la literatura sapiencial de los antiguos la que le sirvió de base. La que unifica, como telón de fondo, toda su obra […]. Y estaba el modelo, próximo o remoto, de todos ellos: la literatura sapiencial antigua y oriental, medieval también. Daba consejos de gobierno y de vida, pero siempre acompañados de la crítica, la crítica social diríamos, y de la ironía […]. Un antihéroe, desecho de la sociedad, daba lecciones, como Diógenes o Esopo, triunfaba con su ingenio en todo, hasta en el amor […]. Pero prefiero insistir en que fueron los cínicos, ya en la Edad Helenística, quienes tomaron sobre sí estas tradiciones y crearon la nueva literatura popular griega, luego continuaron en latín […]. Crearon, sobre todo, dentro de ella, los géneros paródicos […]. En fin, estoy tratando de sacar a Sancho y a la pareja que con don Quijote forma, de su aislamiento, y no en tal o cual anécdota, sino esencialmente, incluyéndolos en un género de raíces antiguas y modernas, incluso en el propio Cervantes, el de la literatura sapiencial, humorística, crítica, docente […]. Sobre todo con la Vida de Esopo, desatendida por nuestros cervantistas, con el Asno, modelo más lejano. En todo caso, se trata de un género centrado en un viaje y en la crítica del mundo y de la sociedad circundante hecha por un personaje de las clases inferiores de la sociedad […]. La literatura sapiencial es el género que hay que rastrear en el Quijote, que adquiere, así, una verdadera pluralidad genérica […]: la literatura sapiencial de corte cínico […]. En fin y en definitiva: más que a un género, el Quijote pertenece a una amalgama de géneros, todos dentro de la literatura sapiencial que de los griegos pasó a los latinos, a la Edad Media y a la cuentística y novelística occidentales desde el siglo XIV […]. Cervantes multiplicó los elementos sapienciales y cínicos que la novela realista antigua incluía ya (Rodríguez Adrados, 2013: 553, 555, 558, 560, 564, 570, 572, 576).

La esencia genológica del Quijote, la taracea que permite formalizar y materializar múltiples géneros literarios existentes y preexistentes, sería la literatura parenética, gnomológica, sapiencial. Se potencia de este modo una de las facultades más sui generis de un narrador: la facultad digresiva, reflexiva o didáctica, que algunos preferirán denominar moralista, y que otros identificarán con el germen de un género ya presente en las literaturas antiguas, y que la Edad Moderna codificará bajo el marbete del ensayo. El género aforismático y sentencioso, el repertorio de máximas y apotegmas que pueden extraerse de la obra literaria completa de Cervantes permitiría componer una antología de referencia universal sobre el aforismo y la sentencia, el adagio y la paremiología. Y no solo. Hay, además, un contenido filosófico explícito, un sistema de ideas desde el que hacer la vida más soportable (estoicismo), que no feliz (eudemonismo), y orientado no a burlarse o ridiculizar mordazmente al ser humano (como se hacía desde el entremés, el teatro cómico, la farsa aurisecular…), sino a comprenderlo y a explicarlo —es el modo de proceder de Cervantes— en la interpretación y reconocimiento de sus más complejas e íntimas formas de conducta como hombre y como mujer, como cautivo y como soldado, como ateo y como católico, como liberto y como renegado, como morisco y como cristiano, como pícaro y como aristócrata, como farsante y como burgués, como cortesano y como delator, como delincuente y como hombre de Iglesia, como ramera y como rufián, como amo y como criado,  como caballero y escudero, etc…

Pero hay en la literatura sapiencial de Cervantes algo que la disocia y separa de las pretensiones imperativas o preceptistas inherentes, en cierto modo, a toda moral. La gnomología cervantina es indicativa, no imperativa. Como lo es igualmente su literatura (crítica o indicativa, no programática o imperativa).

La moral es siempre la gremialización del individuo, es decir, la estructuración de grupos sociales y políticos que se articulan frente a terceros. La moral supone la abducción del individuo por parte de una determinada sociedad humana (natural o política) frente a otras. Y su fin último y extremo es esclavizar al ser humano, al someterlo a imperativos sacralizados en nombre de una forma de comportamiento lingüístico, cultural y gremial, políticamente correcto. Y con facultades condenatorias frente a individuos disidentes. No es esta la moral de Cervantes. Su literatura es de diseño cínico. Su arte construye una moral que desconfía de sí misma: critica sus propios fundamentos. El sistema de ideas que se objetiva en su literatura no admite ningún fundamentalismo.

Hay un afán racionalista en toda esta literatura construida por el autor del Quijote. Es un racionalismo que rebasa los límites del Siglo de Oro, los espacios de la Europa su tiempo, e incluso los lindes de nuestro autocomplaciente mundo contemporáneo. El racionalismo de la literatura de Cervantes sigue siendo un desafío a la inteligencia humana. Es el suyo un racionalismo que preludia a Spinoza, a su temprano, inconcluso y póstumo Tratado de la reforma del entendimiento (1677). Un objetivo es claro y explícito en toda su literatura: que el ser humano “consiga entender las cosas sin error y lo mejor posible” (Spinoza, 1677/2014: 104). Su contenido sapiencial se preserva incombustible. Nefasto sería que resultase, andando el tiempo, ininteligible. No basta la Filología para interpretar a Cervantes. Su literatura exige e impone una Filosofía. Una Filosofía que filólogos y poetas siguen sin estudiar. Ni comprender.





Notas

[1] No en vano de ello se ha lamentado abiertamente el propio autor: “Porque lo que yo critico a los cervantistas, que tanta erudición nos han ofrecido y ofrecen, es limitarse a pasajes aislados, no establecer una teoría que explique la derivación de las obras de Cervantes que comento a partir de ciertas líneas de la literatura y el pensamiento antiguos […]. Me temo que no sean demasiado apreciados estos esfuerzos míos por insertar a Cervantes en una tradición tan vieja y tan amplia. Me atrevo a decir que esta tendencia de ciertos hispanistas a considerar como solamente nuestra toda nuestra literatura, señalar si acaso una fuente esporádica, es un desconocimiento y un error. Claro que las obras geniales de nuestra literatura, el Quijote en primer término, han supuesto pasos decisivos para toda la literatura occidental. Pero no nacieron de la nada. Tuvieron su origen en una tradición antigua que continuaba. En nuestro caso, la de la literatura sapiencial, con sus diversas variantes. No solo, como he dicho otras veces, la de la novela realista antigua: esto es cierto, pero esta novela realista es solo una parte de la literatura sapiencial, toda ella reflejada en el Quijote y las otras obras que he comentado” (Rodríguez Adrados, 2013: 552 y 568). Aunque no podemos negarle a Adrados la razón que le corresponde, es evidente que este sabio no ha leído tampoco a muchos intérpretes de Cervantes. Es costumbre inveterada, acaso incorregible, de los viejos no leer a los jóvenes. En 2009 se publicó una Crítica de los géneros literarios en el Quijote que Adrados, sin duda ninguna, ni leyó ni leerá en su vida. La paja siempre se ve en el ojo ajeno; la viga, en el propio, nunca.

[2] Vid. a este respecto los estudios de Rodríguez Adrados (1976a, 1976b, 2001, 2004, 2005, 2005a) sobre la Vida de Esopo, el Libro de Buen Amor, el Lazarillo de Tormes y la obra literaria cervantina.




Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «La literatura gnomológica y la genología del Quijote», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (II, 5.4.10), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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