III, 4.3.1.5 - Crítica a la Idea de Historia en Jauss



Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







Crítica a la Idea de Historia en Jauss

Referencia III, 4.3.1.5





CC0 1.0 Licencia universal de dominio público
Para Jauss, la Historia sólo es legible en la medida en que es soluble en la Estética de la recepción. Dicho de otro modo: la Historia es fenomenología. De esta forma, nuestras posibilidades de comprensión histórica dependerán siempre de las competencias estéticas de que dispongamos a la hora de hacer presente, en la recepción fenomenológica de sus efectos y consecuencias, el impacto de una obra de arte sobre un horizonte de expectativas preexistente.

Jauss reprocha al historicismo positivista el hecho de reducir la historia de la literatura a una sucesión cronológica de datos, es decir, a una doxografía, ignorante de los efectos y consecuencias a los que en el curso de la Historia da lugar la recepción estética de las obras literarias, efectos y consecuencias que en el mejor de los casos el objetivismo histórico disponía como una crítica de influencias de muy estrechos límites. Por su parte, Jauss objeta al formalismo las limitaciones inherentes a su concepto de “evolución literaria”, al que acusa de clausurar la vida de una obra entre dos momentos muy precisos, la impronta de su aparición y el anquilosamiento de su automatización, es decir, entre su novedad y su agotamiento. Jauss propone prescindir de ese “imperativo de innovación”, exigido a la literatura por las poéticas formalistas, y liberar la interpretación de las obras literarias del dominio de una Historia concebida teleológicamente, es decir, sustraer la recepción de las obras de arte de un escenario histórico determinado por unos valores finales, predeterminados, que las obligaría a constituirse como obras de arte por relación a objetivos y fines no tanto estéticos cuanto sí originales o innovadores. Se sustituye de este modo la dinámica de la “evolución literaria”, exigida por los formalistas, por una serie, muy libérrima, por cierto, de “criterios de selección” (Jauss, 1967/2000: 178), los cuales habrán de disponer, en la teoría literaria jaussiana, la fenomenología de los valores estéticos de la recepción literaria[1]. Insisto en que para Jauss la Historia sólo es legible en la medida en que es soluble en la Estética de la recepción. Según sus propias palabras (Jauss, 1967/2000: 178), “el carácter histórico de una obra equivale a su carácter artístico”. Ésta es una cláusula fundamental en el pensamiento literario de Jauss, para quien la historia es una cualidad estética, que no formal, de las obras de arte.

Sin embargo, al hacer soluble la Historia en la Estética, Jauss no sólo disuelve la Historia, sino que va mucho más lejos: dispone los mecanismos teórico-literarios para su destrucción o deconstrucción. La teoría literaria de Jauss otorga a la conciencia del lector plenos derechos de interpretación literaria. La jurisprudencia interpretativa es aquí la mente del yo, o la conciencia colectiva del nosotros, incluso, pero no la norma ni un sistema de normas que rebasan o trascienden los límites de la experiencia personal o el psicologismo colectivo. La teoría literaria de Jauss confiere a la preceptiva de la conciencia del receptor el máximo poder sancionador sobre el significado de los textos literarios. Nunca, desde Lutero, la hermenéutica textual había sido tan libérrima[2]. El giro hacia la conciencia que la estética de la recepción alemana impone en la historia reciente de la Teoría de la Literatura es mayúsculo y superlativo. Sus consecuencias siguen estando hoy más vigentes que nunca, al interpretar ya no hechos literarios concretos, sino lo que cual cree ver en las obras literarias, o lo que aún es mucho peor: lo que cada individuo o grupo de individuos, cada gremio (feminista, étnico, nacionalista, etc.), se cree con derecho exclusivo a interpretar, y a exigir a los demás que interpreten y asuman, en nombre incluso de la tolerancia, el respeto (en el fondo respeto a la necedad y a la ignorancia) o lo “políticamente correcto” (en realidad cobardía intelectual para enfrentarse críticamente a la nesciencia). En consecuencia, Jauss exige luteranamente “que el intérprete debe poner en juego su propia experiencia”. Y no se trata de experiencia profesional, no, sino de experiencia psicológica, es decir, aquello que, precisamente por su impronta subjetiva, debe estar segregado y derogado de toda actividad crítica y científica.

La conexión histórica en la que aparece una obra literaria no es una sucesión fáctica de acontecimientos, existente por sí misma e independientemente de un observador (Jauss, 1967/2000: 162).

Jauss dixit: la Historia no existe en sí misma, sino en la mente de quien la contempla. Dicho de otro modo: la Historia es una construcción fenomenológica dada en la conciencia subjetiva de cada receptor individual, en la medida en que se convierte en protagonista de actos de percepción de obras de arte, y de las relaciones de éstas entre sí, a lo largo de diferentes cursos y procesos históricos. La Historia del Arte será, a su vez, “visible”, esto es, hermenéuticamente legible e interpretable, en tanto que las obras de arte —cuales mediums— la hagan visible y legible en sus valores estéticos a la conciencia de sus posibles receptores. Indudablemente, éste es el mejor modo de evitar todo objetivismo histórico. Y de incurrir en el mayor de los subjetivismos históricos. La Historia sólo existe entonces como “hecho de conciencia”. Y la Literatura, también. El luteranismo metodológico de Jauss es sobresaliente. Todo queda reducido a un hecho de conciencia, en el cual el receptor es el agente protagonista y la Estética el intermediario deuteragonista. Las únicas dependencias son las que dispone la mente del observador, emancipado de todo excepto de un relativismo histórico definido por la hermenéutica gadameriana. La realidad depende del punto de vista del yo, de un yo estéticamente relativo e históricamente variable. Nada más frágil. En la teoría de la estética de la recepción de Jauss no sólo habla la idea de Historia propuesta por Gadamer. Hablan, sobre todo, los principales psicologistas de la tradición cultural alemana: Lutero, Kant y Nietzsche. Sin olvidar al retórico Heidegger, que puso la psicología a disposición de una existencia diseñada estéticamente para morir.

Nada de esto puede aceptarse impunemente, porque la Historia no es el estudio de una fenomenología de valores estéticos psicologizados, ni mucho menos, la Historia es el conocimiento científico de los materiales históricos[3]. Jauss está muy lejos de esta concepción que acabo de apuntar, especialmente cuando concluye en que “el sujeto poético se reconoce a sí mismo como objeto de la historia” (Jauss, 1967/2000: 103). Es el postulado socrático interpretado desde el psicologismo de una conciencia histórica personalizada, el “conócete a ti mismo”, pero sumergido hasta su disolución imperativa en una Historia considerada desde el yo y su circunstancia.







Notas

[1] Jauss considera que lo nuevo no es sólo una categoría estética, sino esencialmente una categoría histórica, “ello quiere decir que el carácter artístico de una obra, cuyo potencial de significado queda reducido por el formalismo a la innovación como único criterio de valor, no será en absoluto inmediatamente perceptible en el horizonte de su primera aparición, y mucho menos podrá agotarse en la pura oposición entre la forma antigua y nueva. La distancia entre la primera percepción actual de una obra y sus significados virtuales, o, dicho de otro modo, la resistencia que la nueva obra opone a la expectativa de su primer público, puede ser tan grande, que se requiera un largo proceso de recepción para alcanzar lo inesperado y no disponible en el primer horizonte” (Jauss, 1967/2000: 179-180). En efecto, el teatro de Cervantes necesitó unos 400 años para ser reconocido por el público: por el público académico, evidentemente, pues, ningún otro tipo de público se ha interesado hasta el presente por las comedias, tragedias y entremeses del autor del Quijote. El interés de algunos comediantes contemporáneos por el teatro cervantino no puede interpretarse como un efecto del público: las compañías de actores no son público, sino intérpretes o transductores del teatro que representan para el público. Una vez más comprobamos lo importante que habría sido para la teoría de la estética de la recepción de Jauss haber discriminado con rigor las diferencias entre lector, intérprete y transductor.

[2] “El medio artístico consiste en presentar un discurso, generalmente interno, del personaje representado […], a fin de que el lector mismo decida si debe tomar la frase como verdadera declaración o entenderla como una opinión característica de ese personaje” (Jauss, 1967/2000: 190).

[3] Sobre este punto, vid. Bueno (1978, 1985) y Moradiellos (2001).






Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Crítica a la Idea de Historia en Jauss», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (III, 4.3.1.5), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria




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