III, 4.3.1.2 - Crítica a la Idea de Norma en Jauss



Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







Crítica a la Idea de Norma en Jauss

Referencia III, 4.3.1.2




CC0 1.0 Licencia universal de dominio público
En la segunda de sus tesis, Jauss se ocupa de definir el concepto de horizonte de expectativas. Sin embargo, lo más importante de esta segunda tesis no es este concepto, con serlo y mucho —para la teoría literaria de la recepción— desde un triple punto de vista histórico, hermenéutico y estético, sino, sobre todo, la idea primordial en que tal concepto de horizonte de expectativas se basa y fundamenta. Me refiero a la Idea de Norma en el pensamiento literario de Jauss.

El concepto de horizonte de expectativas es mucho más relevante por sus fundamentos que por sus demostraciones. Porque la Idea misma de Norma sobre la que se fundamenta es acrítica y fenomenológica, y por lo tanto impugnable. Un horizonte de expectativas es un sistema de normas objetivado históricamente. Ahora bien, ¿en qué objetiva, o mejor dicho, en dónde objetiva su artífice, Jauss, la ontología de tales normas?: en la conciencia del receptor. Es decir, precisamente en el lugar en el que la norma, esto es, ese conjunto de pautas codificadoras de comportamiento gnoseológico, pierde toda objetividad, al desenvolverse fenomenológicamente de forma subjetiva, psicológica y retórica. La ontología de las normas de interpretación se convierte así en una fenomenología propia de la estética de la recepción. Jauss disuelve epistemológicamente la interpretación normativa de los materiales literarios en una percepción estética, pero jamás la resuelve ni la justifica gnoseológicamente, es decir, no da cuenta nunca de sus fundamentos lógico-materiales fuera de la mente del lector. En consecuencia, Jauss no resuelve las normas objetivamente en un sistema trascendente al individuo, sino que las disuelve subjetivamente en la conciencia de un receptor.

La recepción interpretativa de un texto presupone siempre el contexto de experiencia de la percepción estética: la cuestión sobre la subjetividad de la interpretación y el gusto de lectores o sectores de lectores diversos, sólo puede formularse de una manera lógica si se ha aclarado antes cuál es el horizonte transubjetivo del entendimiento que condiciona el efecto del texto (Jauss, 1967/2000: 165).

Como Teoría de la Literatura, el Materialismo Filosófico identifica en el eje pragmático del espacio gnoseológico tres sectores: autologismos, dialogismos y normas. Los autologismos objetivan las operaciones llevadas a cabo por un intérprete, y con frecuencia están impregnadas de experiencias subjetivas, fenomenológicas y personales. Los dialogismos codifican las relaciones comunitarias, gregarias, en suma, que resultan del hecho social de compartir e intercambiar los procedimientos y resultados de una investigación que se pretende científica. Las normas, finalmente, objetivan las pautas de comportamiento gnoseológico que determinan el acceso a unos resultados de los que está segregada y derogada toda experiencia psicológica individual o gremial. 

Las normas de las que habla Jauss en su configuración de los horizontes de expectativas son unas normas que se resuelven de forma muy sui generis. ¿Por qué? Porque en lugar de justificarse gnoseológicamente como pautas de comportamiento objetivo, trascendentes y ajenas a toda conciencia individual o gregaria, se fundamentan precisamente en lo más psicológico de la vivencia del receptor, sea como sujeto individual, sea como grupo social definido gregariamente (tal como sucede hoy día con feminismos, fundamentalismos étnicos y nacionalismos, por ejemplo). Desde este punto de vista, la Norma se convierte en un Autologismo (la recepción estética del yo) o en un Dialogismo (la recepción estética del nosotros). Son, pues, normas de la conciencia psicológica y social, esto es, normas que se desenvuelven en los contextos de descubrimiento (procesos de tipo histórico, sociológico, económico, psicológico, etc., que propician o conducen a un descubrimiento científico, y que con frecuencia incluyen componentes irracionales, intuiciones, creencias, mitos o azares, etc.), pero no en los contextos de justificación (conjunto de procesos racionales en virtud de los cuales queda establecida la validez de los conocimientos científicos, mediante definiciones, demostraciones, modelos, clasificaciones, axiomas, etc.)[1].

La noción misma de horizonte de expectativas es un concepto profundamente psicologista, que apela ante todo a los contextos de descubrimiento, y de forma muy particular a los impulsos psíquicos de un público satisfechos socialmente por la vigencia de un determinado tipo de discurso estético reconfortante o logos cultural dominante. La originalidad de una obra de arte —originalidad en la que la teoría de la recepción cifra su genialidad estética— vendrá dada, como el propio Jauss confiesa, por la supuesta “resistencia” que ofrezca a integrarse en el confort y el dominio de un horizonte de expectativas preexistente o vigente, “resistencia” que sólo será posible objetivar en el comportamiento social y psicológico de un determinado tipo de público, cuya conciencia se considerará, al unísono, como conciencia receptora.

Aunque Jauss trata de acudir al formalismo —de cuya crítica parte— para evitar incurrir en el psicologismo del que una y otra vez quiere zafarse, finalmente no lo consigue. Jauss recurre al formalismo, y especialmente al ruso, para tratar de objetivar los contenidos del llamado horizonte de expectativas, por más que, en última instancia, semejante “objetivación” se opere fenomenológicamente en la mente de un receptor ideal.

Tal como lo delimita Jauss, el concepto de horizonte de expectativas, como sistema de normas objetivadas, se puede construir a partir de la identificación y del análisis de las condiciones en que se realiza la recepción, mediante la consideración de los siguientes aspectos: a) la poética dominante sobre los géneros literarios, b) las relaciones de intertextualidad entre obras literarias preexistentes, y c) la relación entre lengua literaria y lengua estándar. Como observará cualquier estudioso de la historia de la teoría literaria, estos requisitos están tomados literalmente de la Teoría de la Literatura de los formalistas rusos, particularmente de las obras de Jan Mukarovski (1936, 1936a), Víctor Sklovski (1929, 1970) y Iuri Tynianov (1924, 1929, 1973).







Nota

[1] La diferencia entre contextos de descubrimiento y contextos de justificación se debe a Hans Reichenbach, quien los introduce en su obra Experience and Prediction. An Analysis of the Foundations and the Structure of Knowledge de 1938.






Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Crítica a la Idea de Norma en Jauss», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (III, 4.3.1.2), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria




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