III, 3.3.3 - ¿Qué es una novela posmoderna?



Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







¿Qué es una novela posmoderna?

Referencia III, 3.3.3




(CC BY 2.0) Abhi - Sin título
Cedo la palabra a Miller, y reproduzco su definición de los rasgos característicos de la novela posmoderna:

¿Cuáles son, entonces, los rasgos característicos de las narraciones posmodernas? Quisiera modificar algo las categorías de Jameson, y enumerar los siguientes rasgos como los más destacados de la narrativa posmoderna: el pastiche, es decir, la mezcla incoherente de estilos de diferentes periodos; la parodia de estilos anteriores; la alusión; la mezcla de géneros; la falta de profundidad; la falta de afecto (o, mejor dicho, un cambio hacia ese tipo particular de afecto irónico llamado cool); el debilitamiento del “narrador omnisciente” o, por decirlo de manera más precisa, el uso del narrador telepático que no emite juicios ni profiere interpretaciones; la discontinuidad, es decir, la narración a través de episodios cortos separados por interrupciones; los cambios temporales “prepósteros” (en el sentido etimológico) por medio de matelepsis, prolepsis o analepsis, flashbacks y flahsforwards; el uso de historias intercaladas, normalmente contadas por uno y otro personaje; cambios o desviaciones bruscos de registro o tono; lo indirecto en tan alto grado que la historia real se cuenta entre bastidores, por así decirlo, por medio de insinuaciones e indirectas, como una historia detrás de la historia; un cierto grado de anti-realismo de alucinación, o “surrealismo”, o lo que se ha llamado más recientemente “realismo mágico”, en el que sucesos “mágicos” imposibles son contados en un estilo directo “realista”; o, expresándolo de otra manera, una forma curiosa de persistencia medio irónica, pero sólo medio irónica, de lo religioso, lo supersticioso, lo mágico, lo sobrenatural; el uso exuberante, hiperbólico de la comedia, la farsa, o los estallidos sociales anárquicos; el uso de un tipo u otro de historia marco que controla, interpreta y, al mismo tiempo, socava irónicamente la historia propiamente dicha; una atención especial a la experiencia de los marginados o desamparados, “los desdichados de la tierra”; una percepción de la comunidad como levantada contra sí misma, en auto sacrificio [sic], o de manera suicida, en lo que Derrida llama un proceso de autodestrucción auto-inmune; un sentido problemático de lo que implica tomar una decisión ética o asumir una responsabilidad ética; una cierta llamada de atención directa o indirecta a los problemas de la ficcionalidad o la virtualidad, esto es, un movimiento de la narración vuelta hacia sí misma para plantear preguntas sobre su modo de existencia y su función social (35-37).

O sea: todo.

De las palabras de Miller se desprende que “todo es posmoderno”. Incluso podría decirse que, si no fuera por el hecho de estar escritos en verso de cuaderna vía, los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo también serían un ejemplo prototípico de novela posmoderna, dados sus componentes fantásticos, maravillosos o alucinatorios (“El galardón de la Virgen”), su atención hacia los desamparados o “desdichados de la tierra” (“El sacristán fornicario”, “El pobre caritativo”), sus preocupaciones éticas (que Miller parece confundir con las morales), etc... Curiosamente, la lista de la compra, o el código de barras que identifica todos los productos comerciales de nuestro tiempo, no entrarían nunca en esta categoría de “novela posmoderna”, cuando, sin embargo, constituyen un objeto de estudio fundamental para cualquier culturalista de la posmodernidad. Cuando Derrida afirma que “todo es texto”, está llevando la crítica literaria posmoderna hacia su cúspide, en la cual, sin duda, habrá que exigirle nos ofrezca un comentario de texto de un código de barras. Yo no tengo ninguna duda de que la teoría literaria posmoderna está en perfectas condiciones de hacerlo. 

El único problemilla es que semejante pretensión nos retrotrae a la pseudo-filosofía, o mejor dicho, retórica, presocrática, como la de la Escuela de Mileto, que proclamaba siempre que una parte del todo era siempre el “todo”. ¿Cómo?, así: La metafísica presocrática, al igual que el destructivismo derridiano, y que la sofística posmoderna al uso contemporáneo, procedía hipostasiando uno o varios elementos del mundo empírico, para hacer de la unidad hipostasiada una figura matriz configuradora de la totalidad de las realidades existentes. Así, Tales de Mileto afirmaba que “todo es agua”, Anaxímenes que “todo es aire”, o Anaximandro que “todo es apeiron” (lo indefinido, lo infinito)..., Derrida dirá que “todo es texto”. Es el eterno retorno a la Escuela de Mileto y su monismo axiomático: el todo se ha formado a partir de una materia prima única (el agua, el aire, lo indefinido..., el texto). Derrida piensa como una mente presocrática, anterior a Filosofía, y en absoluto posterior a ella. Nada más regresivo. Ni retrógrado. Si Nietzsche hizo de la Filosofía un refranero, Derrida hizo de ese refranero una retórica multiuso.

Por lo demás —y continúo criticando el concepto, de radio infinito, dada su amplitud, de novela posmoderna de Miller, arriba citado— en primer lugar, debo confesar que “engañado he vivido hasta ahora”, pues mis maestros, entre ellos Emilio Alarcos, me enseñaron que un pastiche es una imitación, o incluso un plagio, consistente en reproducir de modo inteligente materiales y formas de la obra de arte de un autor históricamente precedente con objeto de combinarlos de manera tal que, por nuevo y distinto, parezca independiente del original. Pero para el Sr. Miller un pastiche es “la mezcla incoherente de estilos de diferentes periodos”. Bien. Continuemos.

En segundo lugar, de mí sé decir que no conozco ni una sola novela en la que el narrador se prive de la emisión de juicios o de la expresión de interpretaciones. Dicho de otro modo: no conozco narradores mudos, ciegos, sin perspectiva efectiva o verbalmente impotentes, por muy “telepáticos” —término de Miller— que sean. Y ya me explicará, y no pido que por lo menudo, el Sr. Miller, ¿qué es un narrador telepático?[1]

En tercer lugar, me admira la síntesis acrítica e indiscriminada que Miller hace de lo fantástico, lo maravilloso, el “realismo mágico”, el “surrealismo”, el “anti-realismo de alucinación”, y, sobre todo, su sentido para percibir e interpretar las ironías, a medias:  “persistencia medio irónica, pero sólo medio irónica, de lo religioso, lo supersticioso, lo mágico, lo sobrenatural”. Me pregunto si el realismo mágico es concebible, sin más, tal y como lo define Miller: “sucesos «mágicos» imposibles [que] son contados en un estilo directo «realista»”. 







Nota

[1] Digo que me lo explique porque no lo explica, simplemente lo menciona con recurrente insistencia, y como figura alternativa al narrador omnisciente: “El narrador telepático dice esto, de manera explícita, en muchas ocasiones. Fíjense que no digo «narrador omnisciente»” (43). Nos fijamos, sí, cómo no fijarnos... Pero yo insisto: ¿qué es un narrador telepático? ¿El “que no emite juicios ni profiere interpretaciones”? Si esa es su naturaleza, supongo que será un diestro especialista en la semiótica del silencio.




Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «¿Qué es una novela posmoderna?», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (III, 3.3.3), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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