III, 3.1 - El mito de la interpretación literaria


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices





El mito de la interpretación literaria

Referencia III, 3.1





En apenas unos años la literatura cuya interpretación no permita la confirmación de un dogma no tendrá cabida en nuestras universidades[1].

No es la primera vez que esto sucede, pero sí será la primera vez que algo así tiene lugar en nombre de la libertad, y dentro del seno académico de las denominadas sociedades abiertas y democráticas. Los dogmas han existido desde siempre, amparados en discursos conservadores tradicionalmente, y a los que en determinados momentos históricos se enfrentaba un lenguaje o una doctrina liberal capaz de refutación y contraste. Sin embargo, el mundo académico contemporáneo parece estar atravesando una etapa en la que este contraste entre el discurso liberal y el conservador no se aprecia excesivamente. No se perciben diferencias nítidas. Personalidades de pensamiento liberal son capaces de formular interpretaciones extraordinariamente dogmáticas sobre obras y textos literarios. Varias teorías de la literatura y de la cultura que deben precisamente su nacimiento a la libertad de la modernidad utilizan la obra de arte literaria como base y como pretexto de interpretaciones con frecuencia dogmáticas e indiscutibles.

Pensábamos que, tras la hermenéutica de la sospecha, lo que llamábamos verdad solo era una ficción en la que se objetivaban nuestros deseos y nuestras necesidades —los deseos que queremos satisfacer, las necesidades que tenemos que solucionar—, pero nuevas verdades, si cabe con más fuerza, y con firmeza dogmática, han reemplazado a las anteriores.

Estas páginas pretenden ser una reflexión sobre la interpretación literaria y sobre una Teoría de la Literatura basada en el Materialismo Filosófico. No hemos tratado de ir en contra de la interpretación literaria, ni en absoluto negarla –actitudes que respeto como si fueran tan originales hoy día como hace medio siglo–, sino simplemente desmitificarla en favor de la obra de arte. Toda interpretación literaria debe conducir hacia la  interpretación científica de una cultura y de una literatura, es decir, hacia una Poética objetivada en unos materiales literarios: autor, obra, lector e intérprete o transductor. En su desarrollo posmoderno, la teoría literaria contemporánea ha intensificado, en lo referente a la interpretación de la literatura, el peso de la Ética social en detrimento de la metodología filológica y de la Ciencia literaria. Nos han  encaminado hacia una suerte de sustitución de la Ciencia por la Ética. En este proceso se observa la institucionalización de una forma de interpretar la literatura que, en realidad, no es otra cosa que una mitificación de determinados imperativos morales, construidos a partir de una interpretación no ya tendenciosa, pues todas pueden serlo, si bien unas más que otras, sino francamente dogmática de la literatura.

El conocimiento supone siempre un conocimiento más amplio, es decir, un discurso crítico permanentemente abierto y renovado. En este contexto, la siempre hipotética verdad ha de ser criticada, no idolatrada. Si ser elocuente es fácil cuando la causa es buena, no hay que olvidar que la máxima dificultad de una interpretación estriba en discutir el dogma, no en afirmarlo. Y cuando el dogma se discute, se seculariza. El resto no son sino sucesivas crisis de ideologías. ¿Cuál es el lugar de los libros en la realidad? ¿Cuál el destino de la teoría literaria en el mundo real? ¿En qué medida la ficción de la crítica está implicada en la realidad de la literatura? ¿Qué es la Literatura y para qué sirve? ¿Cómo abordar una ontología de los materiales literarios? ¿Es posible trazar una genealogía de la literatura? ¿Cómo superar a día de hoy las tradicionales y repetitivas teorías de los géneros literarios? ¿Cómo evitar desde la gnoseología literaria los idealismos recurrentes en que fracasa una y otra vez la epistemología literaria? ¿Necesita urgentemente la Literatura Comparada salir del callejón sin salida en que está sepultada desde la irrupción de la posmodernidad y el mito de la isovalencia de las culturas? Porque si todas las culturas y literarias son iguales, entonces, ¿qué se puede comparar?, ¿cómo ejercer el comparatismo entre términos isovalentes?

Alguna respuesta polémica aventuramos en estas páginas, cuyo objetivo fundamental es servir de premisa o introducción a una crítica racionalista de los materiales literarios, es decir, a una Crítica de la Razón Literaria, basada en el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura.







Nota

[1] Esta afirmación la escribí, por vez primera, en 2002, y se publicó dos años después, en la primera edición del libro titulado El mito de la interpretación literaria.




Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «El mito de la interpretación literaria», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (III, 3.1), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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