II, 5.9.3 - La parodia en el Quijote


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices





La parodia en el Quijote

Referencia II, 5.9.3




Quijote I, 3 (Cervantes Project)
En efecto, con anterioridad me he referido a la parodia, al explicar el concepto de potencia en el Quijote. Ahora quiero añadir aquí algunas observaciones al respecto, dadas desde el punto de vista del conjunto de formas que objetivan en el texto del Quijote la materia cómica. En párrafos anteriores he sostenido que la locura de don Quijote se formaliza sobre la dialéctica de lo cómico, según la cual se enfrenta de modo hilarante la realidad efectiva y consumada (los reiterados fracasos de don Quijote, la ventas, los molinos, los rebaños…) con una realidad exigida normativamente y no idealizable (la imposibilidad de ser un caballero andante, la necesidad de pagar el alojamiento en las ventas, los molinos no pueden ser embestidos como gigantes, las ovejas no son ejércitos en lucha…) El choque de estas dos realidades, tal como está narrado en el Quijote, produce risa en el lector. La locura, así expuesta, se materializa a través de las formas de la dialéctica de lo cómico. Una dialéctica aparentemente inane e inocente, fútil, y sin embargo destinada a disimular y subrogar otras dialécticas más complejas y críticas, de orden social, político y religioso.

A esta dialéctica de lo cómico, sobre la que se expone el juego de la locura del hidalgo, hay que añadir otra no menos decisiva y disimuladora, sobre la que se expone el juego de la fábula del narrador: la dialéctica de la parodia. Según esta última, tan lúdica como la anterior, Cervantes, y en su defecto el propio narrador, confiesan haber dado a la estampa la historia de don Quijote con el fin de desterrar de la república los libros de caballerías. Algo así sólo es creíble como estrategia destinada a desviar la atención del lector. Y especialmente del censor. La dialéctica entre el Quijote y los libros de caballerías es una dialéctica falsa, fraudulenta, retórica, psicológica. Antes que dialéctica, el Quijote mantiene con los libros de caballerías una relación hipertextual y transductora. A esta relación hipertextual y transductora, la crítica cervantina de todos los tiempos la ha denominado parodia.

Tras esta interpretación puede afirmarse que la parodia en el Quijote no tiene como objetivo prioritario la censura o el destierro de los libros de caballerías, algo que en sí mismo es un pretexto o un recurso de autor y narrador para justificar la publicación de la novela, y disimular otras intenciones genuinas. El acusativo de la parodia del Quijote no es la literatura caballeresca, sino el mundo real y efectivamente existente en la España del Siglo de Oro, el mundo contemporáneo a Cervantes, con todos sus conflictos, deficiencias, limitaciones, dobleces y problemas, de orden social, político y religioso. 

En este sentido, los libros de caballerías proporcionan al autor de la novela, esto es, al artífice de la parodia, el código desde el cual el protagonista, don Quijote, es decir, el sujeto de la parodia, la ejecuta. ¿Qué parodia entonces don Quijote? Un mundo, el mundo real de la España aurisecular, que dista muchísimo de ser ideal, perfecto, armónico, seguro, religioso, fiable, justo, pacífico, integrador, tolerante, igualitario y liberal. Un mundo que, quitándole la cosmética y la retórica que impone la educación ficticia que recibimos y nos dejamos imponer, dictada por lo políticamente correcto, es al fin y al cabo, y mutatis mutandis, igual que nuestro mundo contemporáneo. 

No son los libros de caballerías los destinatarios de la parodia del Quijote. La literatura caballeresca constituye el código de esta parodia —no su destino—, desde el momento en que la novela de Cervantes imita burlescamente la imposibilidad de vivir en un mundo en el que pueda triunfar por sí mismo el pensamiento racional. La parodia del Quijote es ontológica, no libresca. El acusativo de esta parodia no es un ideal retórico y utópico, sino las normas teológicas y políticas de un mundo real y efectivo, terrenal y humano. Y por ello mismo muy imperfecto. La “locura” de don Quijote es más expresiva que su cordura. Dicho de otro modo: el uso patológico que hace Alonso Quijano de la razón humana pone al descubierto los errores, las injusticias y las deficiencias características de la Edad Moderna. Eso es lo que se parodia críticamente en el Quijote, la axiología de la Edad Moderna, sus valores y sus normas.

En síntesis, de acuerdo con lo expuesto, puede afirmarse que un análisis de las formas de la materia cómica en el Quijote revela la presencia de dos dialécticas falsas, que atañen a elementos nucleares y esenciales de la novela: en primer lugar, la dialéctica de lo cómico, sobre la que se sustenta retóricamente el juego de la locura del protagonista (la realidad efectivamente existente frente a los “hechos de conciencia” de don Quijote), y, en segundo lugar, la dialéctica de la parodia, sobre la que se articula no menos retóricamente el juego de la fábula del narrador (el finis operis de la novela, como condena de los libros de caballerías, frente al finis operantis del autor, quien pretende disimular por todos los medios la fuerte crítica de ideas contenida en su obra).





Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «La parodia en el Quijote», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (II, 5.9.3), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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