II, 5.9.2 - Lo cómico en el Quijote


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices





Lo cómico en el Quijote

Referencia II, 5.9.2




Quijote II, 26 (Cervantes Project)
Considero que lo cómico es el efecto risible provocado por la dialéctica —nunca dolorosa o amenazante para el sujeto que ríe— entre la materialización de los hechos tal como éstos han tenido lugar frente a las convenciones sociales y la materialización de los hechos tal como éstos deberían haber tenido lugar de acuerdo con las convenciones sociales

Lo cómico se basa, pues, en la dialéctica o disidencia entre los hechos consumados (facta consummata) y los hechos exigidos (facta oportebant)[1]. Los hechos consumados son materialmente objetivables, visibles, constatables. Los hechos exigidos lo son de acuerdo con un código socialmente establecido e impuesto. Siempre hay un determinado tipo de logos, norma o razón, que impera en cada situación o sociedad, y que dispone, naturalmente desde un código moral, sus posibilidades de interpretación y sus requisitos de exigencia. 

El sujeto protagonista de los hechos consumados será objeto de risa, si sus actos no responden a lo establecido en el código de los hechos exigidos, código social que harán valer, mediante la risa y sus consecuencias, los sujetos que puedan cumplir con tales exigencias, que puedan sustraerse a ellas, o que simplemente resulten exentos de su cumplimiento. Sitúo, por tanto, la esencia de lo cómico en la dialéctica entre el ser y el deber ser —de modo que ser equivale a una materialidad consumada no sólo físicamente (M1), sino también psicológica (M2) y conceptualmente (M3)—, es decir, entre lo que alguien es realmente y lo que debería ser —pero no consigue ser dadas sus limitaciones, con frecuencia inconscientes o incontrolables— en una determinada situación, la cual lo convierte en sujeto involuntario de una experiencia cómica. Nadie —salvo un cómico profesional— se convierte consciente y voluntariamente en objeto de risas y burlas. 

En el caso del cómico profesional, no es su persona, sino su personaje, es decir, el prototipo que representa o interpreta, objeto de risa y sujeto de experiencia cómica. Cuando el cómico, el bufón o el “loco”, es alguien que juega a ser lo que no es, tampoco es su persona (Alonso Quijano), sino su personaje (don Quijote), el objeto y el sujeto de la “comedia” o del juego representado. La ludopatía es entonces el protagonista de una comedia con ciertas consecuencias amargas.

Ha de añadirse, además, que lo cómico nunca se manifiesta aisladamente, ni es perceptible e interpretable al margen de un referente al que apela. Lo cómico siempre es acusativo de algo. No puede segregarse de aquello hacia lo cual apunta su existencia y provocación. El Materialismo Filosófico, al interpretar lo cómico como resultado de la dialéctica entre lo consumado (facta consummata) y lo exigido (facta oportebant) por referencia al sujeto que protagoniza la experiencia cómica, lo analiza en una symploké determinada por tres elementos: los hechos acaecidos o consumados físicamente (M1), la norma exigida o código convencionalmente imperante (M3), y la conciencia del sujeto espectador (M2), quien sanciona lo ocurrido con la experiencia de la risa. Ahora bien, en esta relación dialéctica, dada en symploké, la experiencia cómica siempre es acusativa de un contenido o referente crítico. Porque lo cómico no es un mensaje intransitivo, no es una forma sin contenido. Lo cómico siempre es formalización hilarante de una materia, cuya transitividad puede incluso comprender hasta el dominio de lo trágico.

De acuerdo con el concepto de lo cómico que acabo de exponer, el Quijote resulta una obra eminentemente cómica desde el momento en que su protagonista se comporta no como cabría esperar de su edad, razón y condición, sino, bien al contrario, como un libresco y ridículo caballero andante. La dialéctica entre lo que Alonso Quijano es real y efectivamente —un hidalgo bueno y casi anciano— y lo que don Quijote dice y quiere ser ideal y utópicamente —un caballero andante justiciero y todopoderoso— resulta de un efecto cómico tan inmediato como permanente. Sobre esta dialéctica, entre el ser y el deber o querer ser, se articula lo que desde el capítulo primero de la obra el narrador ha dado en llamar la locura del ingenioso hidalgo. Sin embargo, esta dialéctica, sin ser ontológicamente verdadera, es funcional, retórica y psicológicamente muy eficaz. 

En ella se basa la esencia de la locura de don Quijote y, decisivamente, el núcleo de la comicidad de la novela. Esta dialéctica, que responde a un juego impulsado por Alonso Quijano, don Quijote y el narrador, encubre, bajo la cobertura de la experiencia cómica, muchas y muy profundas realidades críticas. Semejante dialéctica es un juego retórico y psicológico que soporta y sostiene una idea de lo cómico capaz de encubrir y transmitir a lo largo de toda la novela críticas muy ácidas y poderosas, dentro de las cuales residen dialécticas sociales, políticas y religiosas de primer orden. 

El narrador se esmera muchísimo en presentar la locura de don Quijote como un hecho cómico, de modo que, sobre todo inicialmente, cuanto el ingenioso hidalgo diga y haga ha de ir encaminado a imponer en la conciencia (M2) del lector un desenlace cómico. Pero una lectura menos fenomenológica y menos psicologista (M2) apunta sin embargo a una interpretación crítica y conceptual (M3) de la novela en la que lo cómico resulta más una forma de transmisión que un simple efecto, a secas, en sí mismo considerable. Lo cómico se interpretará entonces como una forma de disimular críticas y dialécticas de mayor calado. Es una forma de despistar, psicológicamente, al lector. Con todo, un lector, al menos, no se dejó impresionar por esta idea y sentido de lo cómico dados en el primer Quijote: Avellaneda compone su Quijote apócrifo segregando toda experiencia cómica cervantina e imponiendo, desde la razón teológica tridentina, una severa crítica a la axiología del Quijote de 1605. 

El humor de Avellaneda es muy distinto al sentido del humor de Cervantes. En suma, el concepto de lo cómico en el Quijote se basa en una dialéctica aparente, retórica, fenomenológica, entre lo que Alonso Quijano es realmente y lo que don Quijote quiere y debe ser según el logos ideal de la caballería andante. En términos psicológicos, esta dialéctica ilusoria asegura una recepción cómica de la obra, que, sin embargo, un análisis crítico y conceptual posterior, capaz de trascender la pura fenomenología de los hechos cómicos en sí, permite interpretar como un conjunto sistemático de dialécticas sociales, políticas y religiosas mucho más complejas y críticas. 

No quiero decir con esto que la comicidad del Quijote sea una ilusión fenomenológica, quiero decir que, siendo una realidad efectiva del texto, no puede limitarse a una interpretación fenoménica, sino que el lector riguroso ha de penetrar en sus causas, relaciones dialécticas y consecuencias críticas, con objeto de codificar las inquisiciones derivadas de los hechos que, inicialmente, pueden percibirse (sólo) como cómicos. 

Dicho de otro modo: la comicidad objetivada formalmente en el Quijote es siempre una comicidad crítica, cuya interpretación exige regresar al análisis de las formas en que se sustantiva la materia cómica y, sobre todo, progresar hacia aquellos referentes que constituyen el objeto de la crítica, esto es, aquello a lo que apela el sentido de la experiencia cómica. Es lo que llamaré el acusativo de lo cómico, es decir, el contenido crítico promovido, apelado y subvertido por la experiencia cómica del protagonista. En otras palabras: la materia cómica del Quijote, cuyas formas estoy considerando aquí.

Veamos, pues, cuáles son esas formas acusativas de la materia cómica dada en el Quijote. Voy a referirme en primer lugar a la parodia, si bien sólo para añadir algunas observaciones contextuales, pues de esta figura cómica me he ocupado más pormenorizadamente en el capítulo dedicado a la interpretación de las potencias del Quijote, como concepto genológico relativo a las partes constituyentes o distintivas de una obra literaria concreta dadas en el género. Acto seguido, me referiré a la caricatura, el carnaval, el chiste, el escarnio, la farsa, lo grotesco, el humor, la ironía, el ridículo y la sátira, si bien no seguiré el orden alfabético desde el que aquí he hecho la enumeración.





Nota

[1] Oportere es verbo impersonal latino usado, entre otros, por Quintiliano, cuando habla de cómo conviene que sea la ley, o por Terencio, cuando se refiere a lo que conviene que alguien haga (Heautontimorúmeno, v. 536). Este verbo remite en su significado a lo que es conveniente, necesario o razonable. Su naturaleza impersonal lo hace especialmente adecuado a contextos morales y sociales. No por casualidad lo conveniente hace alusión con frecuencia a situaciones morales. Terencio escribe esta frase: Haec facta ab illo oportebant (esto es lo que él tenía que haber hecho). Me acojo aquí a la expresión facta oportebant, documentada en latín, y que sería algo así como “los hechos que convenían”, lo que alguien debía haber hecho de acuerdo a una determinada situación. A su vez, los facta oportent serían los hechos que convienen, o hechos convenientes (pero esta forma, hasta donde yo sé, no está documentada en latín).




Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Lo cómico en el Quijote», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (II, 5.9.2), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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