II, 5.7 - Don Quijote como prototipo literario: el don Quijote de Avellaneda



Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







Don Quijote como prototipo literario: el don Quijote de Avellaneda

Referencia II, 5.7




Retráteme el que quisiere —dijo don Quijote—, pero no me maltrate, que muchas veces suele caerse la paciencia cuando la cargan de injurias. 
Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha (II, 59).


Doré, don Quijote molido a palos
En el contexto de la teoría de los géneros literarios que se expone en este libro, según el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, el prototipo es la figura gnoseológica que designa las partes determinantes o esenciales de una obra literaria dadas en sí misma, esto es, sus términos más genuinamente originales y suyos, no implantados o impuestos en la obra individual por razones de pertenencia a un género o a una especie definidos. El prototipo identifica términos esenciales a la obra misma, términos al margen de los cuales la obra literaria no existiría ni formal y ni materialmente. Pero hay algo más respecto al prototipo: estos términos intensionales o determinantes en la obra de referencia —llamémosla hipotexto, siguiendo a Genette (1982)— han de resultar legibles, visibles, interpretables, en otras obras literarias —llámense hipertextos— posteriores a ella, en las cuales también se reproducen, como partes determinantes suyas, estos mismos términos que constituyen el prototipo de la obra de referencia inicial (o hipotexto)[1].

Desde este punto de vista, el prototipo más importante del Quijote está constituido precisamente por su personaje protagonista, don Quijote de la Mancha, al que se incorpora casi incuestionablemente su escudero Sancho Panza. Son muy numerosas las obras literarias que, intertextualmente, reproducen como términos determinantes suyos, desde presupuestos interpretativos genéricos, específicos o distintivos, las figuras cervantinas de don Quijote y Sancho. Los orígenes de estas reproducciones intertextuales, imitaciones o continuaciones de los prototipos cervantinos, son muy tempranas[2], si bien desiguales, según geografías, literaturas y dominios culturales, aunque en España surgen de forma indirecta, puntual y casi inmediata, como apunta Anthony Close:

Pues bien, ¿cómo se explica el florecimiento de novelas imitadoras del Quijote fuera de España, antes que en la misma cuna del género? Parte de la explicación consiste sin duda en el hecho de que los equivalentes españoles del roman nunca alcanzaron el predominio ni el grado de preciosismo que tuvieron en Francia, y por lo tanto, no se prestaron de modo tan flagrante a una réplica burlona. Otra parte deba buscarse, tal vez, en el florecimiento de la novela picaresca en España, que desempeñaba de modo implícito el mismo papel que obras como Le roman comique —el de ser un antídoto cómico a géneros más serios, sin enfrentarse satíricamente con ellos como el Quijote—. Sea cual fuere la explicación lo cierto es que durante los siglos XVII y XVIII en España las imitaciones del Quijote en prosa narrativa son de tipo indirecto, empezando con El caballero puntual de Salas Barbadillo, cuyas dos partes salieron en 1614 y 1619. Aunque la novela de Salas imita en parte la novela de Cervantes, aprovecha el modelo para la sátira moral de costumbres más bien que la parodia literaria. En esta obra la manía del protagonista, un huérfano pobre adoptado por un viudo rico y caritativo, consiste en soñar con ser caballero en la Corte, y estos ensueños acaban por volverle loco, por lo cual se va a Madrid, se bautiza con el nombre de don Juan de Toledo, se equipa de carro, lacayos, y posada de lujo, y adopta el estilo de vida holgazán y corrompido típico de un caballero de la alta sociedad madrileña, obsequiando a sus amigos con costosos almuerzos, jugando a los naipes y perdiendo dinero, fingiéndose pariente cercano de una familia aristocrática, y sufriendo los fracasos y humillaciones previsibles. El mismo tipo de camino será recorrido por las numerosas imitaciones del Quijote compuestas en España en el siglo XVIII, las cuales, con la meritoria excepción del Fray Gerundio de Campazas del Padre José de Isla (1758), son de escaso interés e insufriblemente moralizantes. Un ejemplo sería la Historia fabulosa de … D. Pelayo Infanzón de la Vega, Quixote de la Cantabria (1792), de Alonso Bernardo Ribero y Larrea, cuyo héroe padece maniáticas ínfulas nobiliarias, y va por esos mundos en compañía de su criado Mateo, proclamando la superioridad de su tierra y alcurnia. Otro rasgo que diferencia las imitaciones españolas del Quijote de las que se producen en Francia, Alemania e Inglaterra durante la Ilustración es el predominio en aquellas del concepto de un Quijote ridículamente arrogante, entrometido y pomposo, en vez de la visión más matizada, equilibrada entre la ironía y la simpatía, que observamos en las creaciones quijotescas de Fielding, Smollett, Sterne, Diderot, Wieland (Close, 2009: 68-69).

Sin embargo, la primera de las obras literarias de la Historia que se consagra plenamente a la construcción e interpretación intertextual de los prototipos cervantinos, como bien sabemos, nace en España, en 1614, y se escribe, desde la pseudonimia, por Alonso Fernández de Avellaneda, quien, sin esperar la segunda parte cervantina, se adelantó a ella, tratando de apoderarse de los prototipos elaborados por el autor de la primera parte del Quijote, con el fin de ofrecer a los lectores contemporáneos una recepción e interpretación de la novela de Cervantes muy distinta —tanto que aquí la calificaré de completamente dialéctica— de la que ofrecía su original.







Notas

[1] En un recorrido inverso, en busca de los antecedentes de personajes como don Quijote, podría identificarse en el Entremés de los romances un prototipo literario que Cervantes habría desarrollado en su novela mayor. Vid. al respecto, entre otros muchos, los trabajos de Baras Escolá (1993) y, sobre todo, Rey Hazas (2006).

[2] Sin ánimo alguno de exhaustividad, señalo algunos referentes tempranos, de cierto interés histórico, o curiosidad bibliográfica, en el ancho espacio generado por las imitaciones y continuaciones del Quijote cervantino. Así, por ejemplo, François Filleau de Saint-Martin (1632-1695), traductor en 1677 del Quijote al francés, por encargo del editor Claude Barbin, en cuatro volúmenes, alteró el final de la novela en su versión francesa, de modo que don Quijote, en lugar de morir, se recupera de su enfermedad, lo que permitió al traductor escribir una continuación, un quinto tomo, en francés, con el título de Histoire de l'admirable don Quichotte de la Manche (1695). Esta obra quedó inconclusa a su muerte, pero fue continuada por Robert Challe, quien la publicó en 1713 con el título de Continuation de l’Histoire de l’admirable don Quichotte de la Manche. Tras la muerte de don Quijote, la vida de Sancho fue igualmente objeto de varias continuaciones. Es el caso de la obra de Pedro Gatell, de 1794, publicada con el título Historia del más famoso escudero Sancho Panza. En la misma línea puede situarse el libro de Juan Francisco de la Jara, Historia del mas famoso escudero Sancho Panza: desde la gloriosa muerte de don Quixote de la Mancha hasta el último día y postrera hora de su vida, impreso entre los años 1793 y 1798. En 1741, también en País, se publica, sin nombre de autor conocido, una continuación del Quijote relativa a la vida de Sancho Panza, con el título de Suite Nouvelle et Veritable de L'Histoire et des Avantures de L'Incomparable Don Quichotte de La Manche. Histoire de Sancho Panza Alcade de Blandanda: Servant de sixième & dernier Volume, à la suite nouvelle des Avantures de Don Quichotte, de la que se publica una versión española en 1845. De 1786 data la impresión del libro Adiciones a la historia del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha en que se prosiguen los sucesos ocurridos a su escudero el famoso Sancho Panza, escritas en arábigo por Cide-Hamete Benengeli y traducidas al castellano con las memorias de la vida de este, atribuido a Jacinto María Delgado, del que se hace una reimpresión en Barcelona en 1905. Vid. a este respecto el trabajo de Howard Mancing (1987). De 1792 data la impresión de la Historia fabulosa del distinguido caballero Don Pelayo Infanzón de la Vega, Quixote de la Cantabria, de Alonso Bernardo Ribero y Larrea, que narra las aventuras y desventuras de un fatuo simulador de Don Quijote con un Sancho Panza asturiano. Todavía al siglo XVIII pertenece el manuscrito del fraile jerónimo Juan de Valenzuela, publicado en 2005 por Antonio Rioja y Daniel Romero, con el título de Andanzas de Sancho Panza tras la muerte de su amo. La Provincia de la Mancha, en el que Sancho, “triste, cabisbaxo y melancólico”, embarca con el séquito de un virrey hacia la Nueva España. De 1886 datan las Semblanzas caballerescas o las nuevas aventuras de Don Quijote de la Mancha, del militar y literato gallego Luis Otero y Pimentel, publicada en La Habana. De especial interés resulta la obra del escritor ecuatoriano Juan Montalvo, titulada Capítulos que se le olvidaron a Cervantes (1895), e impresa en numerosas ocasiones, una de las más recientes al cuidado de Ángel Esteban. En 1901 José Abaurre y Mesa publica en Madrid su Historia de varios sucesos ocurridos en la aldea después de la muerte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. De 1905 data la La nueva salida del valeroso caballero D. Quijote de la Mancha: tercera parte de la obra de Cervantes, de Antonio Ledesma Hernández. Del mismo año, y también en impresa Barcelona, es La Resurrección de don Quijote. Nuevas y jamás oídas aventuras, de P. Valbuena, obra reeditada en 2005. Tulio Febres Cordero publica en Mérida, Venezuela, un Don Quijote en América, o sea, La cuarta salida del ingenioso hidalgo de La Mancha, en 1905. En 1969 el escritor José Camón Aznar publica una continuación del Quijote bajo el título de El pastor Quijótiz, libre recreación a partir de ciertas prolepsis anunciadas en la obra cervantina. No faltan, por supuesto, Quijotes a la feminista, como el de Monique Wittig en Le voyage sans fin (1985), no traducido al español, que yo sepa. Recientemente, en 2004, Andrés Trapiello publica una nueva continuación, titulada Al morir don Quijote, protagonizada por Sancho Panza y otros vecinos de la aldea, y en cuya fábula se narra el romance entre el bachiller Sansón Carrasco y la sobrina de don Quijote, Antonia Quijana. Para un estudio exhaustivo de las continuaciones e imitaciones del Quijote, remito al Proyecto Cervantes, dirigido por Eduardo Urbina, concretamente a este enlace.



Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Don Quijote como prototipo literario: el don Quijote de Avellaneda», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (II, 5.7), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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