II, 5.6.6 - Locura y cinismo en el Quijote


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices





Locura y cinismo en el Quijote[1]

Referencia II, 5.6.6





Doré, Don Quijote y Sancho en la venta
He insistido con anterioridad en calificar de cínico a don Quijote en lo referente a representar muy astutamente el papel de loco con el fin de “jugar”, en la línea propuesta por Torrente Ballester (1975), y disponer de este modo de una serie de libertades que, al margen de su supuesta locura, serían por completo imposibles. La disputa por el baciyelmo que tiene lugar en la venta de Palomeque es sumamente representativa (I, 44-45). Don Quijote esgrime un escepticismo propio incluso de la filosofía cínica, induciendo a confundir realidad y apariencia, como si algo así fuera aquí posible.

—Por Dios, señores míos —dijo don Quijote—, que son tantas y tan estrañas las cosas que en este castillo, en dos veces que en él he alojado, me han sucedido, que no me atreva a decir afirmativamente ninguna cosa de lo que acerca de lo que en él se contiene se preguntare, porque imagino que cuanto en él se trata va por vía de encantamento. La primera vez me fatigó mucho un moro encantado que en él hay, y a Sancho no le fue muy bien con otros sus secuaces; y anoche estuve colgado deste brazo casi dos horas, sin saber cómo ni cómo no vine a caer en aquella desgracia. Así que ponerme yo agora en cosa de tanta confusión a dar mi parecer será caer en juicio temerario. En lo que toca a lo que dicen que esta es bacía y no yelmo, ya yo tengo respondido; pero en lo de declarar si esa es albarda o jaez, no me atrevo a dar sentencia difinitiva: solo lo dejo al buen parecer de vuestras mercedes; quizá por no ser armados caballeros como yo lo soy no tendrán que ver con vuestras mercedes los encantamentos deste lugar, y tendrán los entendimientos libres y podrán juzgar de las cosas deste castillo como ellas son real y verdaderamente, y no como a mí me parecían (I, 45).

Don Quijote hace suyo uno de los principios de la filosofía cínica: no podemos conocer la realidad, porque todo son apariencias. Parker (1948), sin embargo, lo ha señalado con precisión: en el Quijote la realidad no es ambigua. Tampoco es ambiguo el modo de confundirla y sofisticarla. No hay yelmo, sino bacía. Lo único que hay son ganas de jugar y de divertirse. La locura de don Quijote es el mejor instrumento para que todos participen en el divertimiento. El juego es más jocoso en la medida en que más jugadores toman partido en él. La locura (autológica) de don Quijote hace las delicias (dialógicas) de todo un equipo de participantes: cura, barbero, don Fernando, Cardenio, Luscinda, Dorotea... Hasta que unos cuadrilleros, que no conocen aún las “reglas” de juego, rompen la ilusión lúdica: “Si ya no es que esto sea burla pensada, no me puedo persuadir que hombres de tan buen entendimiento como son o parecen todos los que aquí están, se atrevan a decir y afirmar que esta no es bacía, ni aquella albarda” (I, 45). La ruptura de la ilusión lúdica acaba en una refriega monumental, digna del mejor entremés, pero no en el reconocimiento, ni en la demostración, del error. Algo parecido había sucedido en el Retablo de las maravillas con la llegada del furrier. Y lo más irónico es que quien finalmente impone la paz, sin hacer uso de la violencia, es el propio don Quijote, que los aquieta a todos, porque “es gran bellaquería que tanta gente principal como aquí estamos se mate por causas tan livianas” (I, 45).





Nota

[1] De obligada lectura resulta, en este punto, el trabajo de Fernández Tresguerres (2005) sobre la filosofía cínica.





Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Locura y cinismo en el Quijote», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (II, 5.6.6), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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