II, 5.6.2 - La locura como eximente en el Quijote


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices





La locura como eximente en el Quijote

Referencia II, 5.6.2




Doré, Encierro de Don Quijote
Son muy numerosos los pasajes que en el Quijote subrayan la locura del protagonista como un eximente de responsabilidades. No sucederá lo mismo, como veremos, en el Quijote de Avellaneda, donde la falta de juicio del protagonista no le exime finalmente de ser encarcelado. Sin embargo, en la obra cervantina, todas las libertades que se toma don Quijote son posibles y factibles merced al ejercicio lúdico de su locura: “el ventero les quitó de aquella admiración, diciéndoles que era don Quijote y que no había que hacer caso dél, porque estaba fuera de juicio” (I, 44).

Más complejo será, sin duda, librarse de la persecución de la Santa Hermandad, “que, entre algunos mandamientos que traía para prender a algunos delincuentes, traía uno contra don Quijote […] por la libertad que dio a los galeotes, y como Sancho con mucha razón había temido” (I, 45). De nuevo don Quijote argüirá razones sofistas y cínicas, que apelan a un fuero y a un derecho completamente inexistentes, ficticios e idealistas, en los que, curiosamente, han creído y creen todavía numerosos comentaristas de esta obra literaria[1]. Así habla don Quijote a la Justicia:

—Venid acá, gente soez y mal nacida: ¿saltear de caminos llamáis al dar libertad a los encadenados, soltar los presos, acorrer a los miserables, alzar los caídos, remediar los menesterosos? ¡Ah, gente infame, digna por vuestro bajo y vil entendimiento que el cielo no os comunique el valor que se encierra en la caballería  andante, ni os dé a entender el pecado e ignorancia en que estáis en no reverenciar la sombra, cuanto más la asistencia, de cualquier caballero andante! Venid acá, ladrones en cuadrilla, que no cuadrilleros, salteadores de caminos con licencia de la Santa Hermandad, decidme: ¿quién fue el ignorante que firmó mandamiento de prisión contra un tal caballero como yo soy? ¿Quién el que ignoró que son esentos de todo judicial fuero los caballeros andantes y que su ley es su espada, sus fueros sus bríos, sus premáticas su voluntad? (I, 45).

He aquí, una vez más, la idea autológica de libertad y de justicia que sostiene don Quijote: la justicia soy yo y la libertad es lo que yo digo y hago. Es una reducción genitiva de la libertad y de la justicia, que ignora los logros propios y ajenos (libertad dativa) y las normas comunes a todos los miembros de una sociedad política (libertad ablativa). La razón de don Quijote es la razón del yo, exclusiva y excluyente. No cabe mayor dogmatismo. Ni mayor injusticia.

En realidad, tres hechos hacen posible la exculpación de don Quijote: la mediación del cura —junto con sus dineros y los de don Fernando, que apaciguan a los principales litigantes contrarios a don Quijote—, la supuesta locura del protagonista —que aquí funciona con la máxima eficacia—, y la frivolidad e irresponsabilidad con que los cuadrilleros de la Santa Hermandad asumen sus funciones políticas —quienes acaban finalmente por despreocuparse de don Quijote—.




Nota

[1] No es el caso de un perspicaz lector del Quijote, Joseph V. Ricapito, quien advierte que “su locura [la de don Quijote], esta enfermedad con que Cervantes le adorna es una muy clara negación de la idealidad” (Ricapito, 2009: 139).





Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «La locura como eximente en el Quijote», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (II, 5.6.2), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria



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