III, 4.3.7 - Idea y Concepto de Literatura Comparada en Jauss



Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







Idea y Concepto de Literatura Comparada en Jauss

Referencia III, 4.3.7


La comparatística, que hacía de la comparación un fin en sí… 
Jauss (1977/1986: 15).


Guillermo Gómez Gil. Los lectores
En su trabajo “El fin del período artístico. Aspectos de la revolución literaria en Heine, Hugo y Stendhal”, Jauss (1970/2000: 9) expresa “polémicamente la consideración sincrónica de la literatura contra la orientación escolar comparatista y contra su concepto metahistórico de la comparación”. 

Jauss reaccionó siempre contra la concepción nacionalista de las literaturas. No hay que olvidar que escribe desde un país que apenas hace unas décadas ha visto violentamente abolidas todas sus pretensiones nacionalistas de carácter depredatorio. Para Jauss, toda forma de nacionalismo es una aberración. Es un imperativo ideológico al que tiene que someterse su generación y su país. La biografía del nacionalismo literario estaba escrita en detalle desde el siglo XIX, cuando “escribir la historia de una literatura nacional se consideraba la obra culminante de la vida de un filólogo” (Jauss, 1967/2000: 137). Jauss hablará siempre con desdén de “la idea de la individualidad nacional en su camino hacia sí misma” (137). Frente a semejante concepción nacionalista de la literatura, Jauss esgrimirá un modelo comparatista. Pero este modelo de comparación no será el de la tradición francesa —el más nacionalista de todos, sin duda, brotado de la Francia jacobina, imperialista y post-napoleónica—, ni tampoco el estadounidense —igualmente imperialista, y sofisticadamente “democrático”, en su desarrollo progresivamente disminuido a lo largo del difunto siglo XX—. No, el modelo de comparatismo de Jauss será el que corresponde a una comparación cuya figura esencial —la relación— relacionará experiencias de recepción, es decir, obras literarias concretas dadas en horizontes de expectativas históricamente definidos, en el pasado, e interpretadas en horizontes de expectativas estéticamente normativizados, en el presente. Así pues, Jauss se moverá siempre entre la relación de dos términos categoriales del campo de la Literatura Comparada: la obra y el lector.

Jauss sabe muy bien que la Literatura Comparada, como disciplina académica y científica, nace al amparo de la conciencia del nacionalismo moderno, fruto de la Ilustración europea, particularmente francesa:

Desde el Romanticismo, los estudios filológicos consideraron el movimiento literario moderno de manera análoga al proceso político de la unificación nacional y se ufanaron en coronar la historia de su literatura nacional mediante la imagen ideal de un clasicismo nacional capaz de aguantar la comparación con el lejano modelo de la Antigüedad clásica (Jauss, 1967/2000: 65).

Y Jauss escribe contra esa tradición, que tanto debe en Alemania a la obra de Herder y Winckelmann, entre otros, quienes introdujeron una concepción nacionalista e individualizadora de la creación literaria en función de naciones y épocas, “como exposición histórico-estilística que indagaba la esencia del arte de la Antigüedad en su desarrollo histórico” (Jauss, 1967/2000: 74). Y contra esa tradición y sus propuestas comparatistas esgrime precisamente Jauss sus ideas sobre la Literatura Comparada, tan ajenas al dominio francés y francófono (Texte, 1898; Baldensperger, 1904, 1921; Tieghem, 1931) como al estadounidense y anglófono (Wellek, 1953, 1959). 
No en vano Jauss considera que el nacionalismo literario ha sido, respecto a la literatura alemana de la Edad Contemporánea, el principal responsable de una visión equivocada:

La cerrazón visual de las literaturas nacionales y de sus leyes de desarrollo supuestamente autóctonas ha impedido hasta ahora a la investigación histórico-literaria estudiar las trascendentales tendencias de esta nueva época literaria [se refiere explícitamente a la segunda mitad del siglo XIX] (Jauss, 1967/2000: 104).

En este contexto, Jauss reprocha ante todo el imperativo que obstinadamente movió a los alemanes decimonónicos a exigir —y exigirse— que “la práctica política de los franceses debía anclarse en la filosofía alemana” (Jauss, 1967/2000: 105). Por razones de este tipo concibe la Literatura Comparada desde la máxima atenuación de los valores literarios nacionalistas. Así interpreta esencialmente la relación entre las literaturas francesa y alemana. Ha de subrayarse que su falta de atención, acaso ignorancia —dígase abiertamente—, de la literatura española es manifiesta en toda su obra[1].

Abandonamos la idea, alentada por la teoría comparatista, de que en este punto precisamente convergieron en una ocasión los desarrollos, de ordinario peculiares, de la literatura nacional alemana y francesa. En vez de ello hay que considerar aquí el vasto proceso histórico de la evolución literaria, ante el cual las teorías de Heine y de Hugo han de entenderse primordialmente como respuestas al postulado de un mismo momento histórico, y sólo en segundo lugar estarían condicionadas por la peculiaridad de sus diferentes literaturas nacionales (Jauss, 1967/2000: 114).

Ejemplo palmario es el que mueve a Jauss a escribir contra la idea de un prerromanticismo alemán ajeno a la influencia de la Ilustración francesa en el clasicismo de Weimar.

Una de las consecuencias de la canonización del clasicismo de Weimar por el neohumanismo germano es que la historia de la literatura cortó el hilo de unión histórico entre la Ilustración francesa y el clasicismo alemán. La autonomía de un clasicismo alemán exigía una prehistoria propia frente al movimiento cosmopolita de la Ilustración. A este fin sirvió la teoría del llamado prerromanticismo, una hipótesis fundamentalmente pseudohistórica. Basándose en una interpretación errónea y de carácter retrospectivo de cualquier “precursor”, dicha hipótesis debería establecer la existencia de un movimiento antiilustrado, clasificándolo y considerándolo como algo previo en función del antirracionalismo como común denominador y a partir de ciertos representantes del sentimentalismo, el pietismo y el “Sturm und Drang”. Así fue como se pudo presentar el período floreciente de la literatura alemana como nacido de un origen propio, el “Sturm und Drang”, y explicarlo como antítesis del racionalismo de la Ilustración. Ahora bien, es indudable que esa imagen mitificada del “movimiento alemán” ha caído actualmente en descrédito. No obstante, en la periodización de muchas otras de historia de la literatura pervivió un esquema tripartito que ocultó y sigue ocultando la continuidad entre la Ilustración europea y el clasicismo alemán: una fase previa antiilustrada, que se despliega desde los poetas del “Sturm und Drang” hasta Herder y Hamann y abre el camino a las cimas del clasicismo —Goethe y Schiller—, a partir de las cuales comienza y ala línea decadente del Romanticismo, situación que se sigue explicando en ocasiones por su alejamiento de los ideales clásicos (Jauss, 1967/2000: 66).

Con todo, al margen del nacionalismo literario, y dentro de su nueva concepción de la Historia de la Literatura, como “provocación” o “desafío” de la Teoría de la Literatura, Jauss no sostiene ningún concepto definido de lo que la Literatura Comparada es. Todo lo contrario, la reconstruye y la disuelve en la historia literaria, y, en concreto, en la historia de los efectos estéticos de la literatura. El escrito jaussiano más explícito en este punto es el titulado “El fin del período artístico. Aspectos de la revolución literaria en Heine, Hugo y Stendhal” (Jauss, 1970/2000: 101-136). En este trabajo Jauss formula su idea (crítica o filosófica), que no concepto (teórico ni científico), de lo que en su pensamiento literario puede entenderse por Literatura Comparada, y en qué ha de consistir el desarrollo metodológico de una disciplina así considerada. Adelanto la conclusión: Jauss disuelve todo comparatismo literario posible en una fenomenología de la historia de la estética de la recepción de obras de arte verbal. Para Jauss no hay Literatura Comparada efectiva, sino historia de la estética literaria, esto es, de la recepción de los efectos de los valores literarios. 

La coherencia de una literatura nacional no representa ya la forma ideal de una historia de la literatura y que también para el siglo XIX, en el que la ideología de las literaturas nacionales ha celebrado sus mayores triunfos, debe ser posible concebir y describir la historia de la literatura como un proceso general que avanza por encima de lo individual de las obras, de los autores y de las naciones. Con ese análisis me adentré en un campo que ve en la ciencia literaria comparada su terreno más propio (Jauss, 1967/2000: 133-134).

En efecto, he aquí la idea de Jauss sobre la Literatura Comparada: una posibilidad metodológica que, de articularse a través del campo de la fenomenología de la estética y de la historia literarias, permitirá superar las limitaciones que la hicieron posible como disciplina a fines del siglo XVIII, limitaciones que se objetivan en la imposición internacionalista de los valores nacionalistas de cada una de las literaturas comparadas:

Mientras no se exija un parámetro de generalidad mayor, no podrá la ciencia literaria comparativa escapar a la estrechez de miras de la concepción romántica según la cual la literatura es histórica en cuanto que confiere la máxima expresión a la idea de las nacionalidades individuales (Jauss, 1967/2000: 134).

Jauss sabe muy bien que la llamada Literatura Comparada ha sido y es una construcción profundamente nacionalista (Maestro, 2008), obra de la Ilustración y el Romanticismo, y que nació promovida por la intención política e incluso imperialista de interpretar desde una literatura nacional el resto de las literaturas y culturas, pues “para volver a relacionar entre ellas las entidades esencialmente diversas de las literaturas nacionales hubo que inventar el método comparatista” (134).

En suma, la Literatura Comparada ofrecerá siempre para Jauss una interpretación insuficiente y deturpada de lo que la literatura es, no sólo desde un punto de vista histórico, sino sobre todo estético, dadas, en última instancia, las limitaciones nacionalistas y doxográfico-historicistas (positivismo histórico). En este sentido, Jauss exige interpretar los hechos literarios “no limitándonos simplemente a relacionarlos entre sí pensando en su individualidad y su posición dentro de unas literaturas nacionales diversas, sino comparándolos mediante el parámetro histórico de un vasto proceso”, sin duda objetivado en la recepción de sus valores estéticos. Como se observa, Jauss reemplaza la Literatura Comparada por una interpretación histórica de la estética de la recepción literaria, la cual, como he señalado anteriormente, desemboca con frecuencia en la fenomenología, el sociologismo y el psicologismo. Todo se resuelve, al fin, en el presente histórico y relativista del intérprete (Gadamer, 1960). La única salida que deja abierta el pensamiento literario de Jauss es la experiencia psicológica, “porque la historia de la literatura anterior al tiempo presente sólo puede justificarse cuando en el pasado que expone hace visible la perspectiva actual y, por tanto, el punto de vista histórico del observador” (Jauss, 1967/2000: 135). Siempre, para Jauss, el sujeto operatorio es un receptor u observador, nunca esencialmente un intérprete o transductor. Jauss es el Husserl de la literatura que ha renunciado a la noemática en favor de la estética y, acaso, también, de la noética[2].

En consecuencia, no hay en el pensamiento literario de Jauss una teoría explícita acerca de la Literatura Comparada, sino, en todo caso, una reducción del comparatismo a un único material literario preponderante, que ni siquiera será el intérprete o transductor, sino el lector o receptor, es decir, el tercero de los elementos o materiales literarios, dado en la disposición dialéctica y circular de la pragmática de la literatura, tal como la concibe el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura. De acuerdo con este procedimiento, Jauss se limita en el Modelo gnoseológico de la Literatura Comparada, o Modi sciendi comparationis litterariae (modos científicos de la comparación literaria), a la figura fenomenológica, más que gnoseológica, del lector, pero sólo dado como sujeto operatorio en el eje de ordenadas o eje vertical, es decir, como receptor. Jauss ignora la figura y la labor de los transductores, así como tampoco considera con la complejidad requerida al lector en tanto que artífice de interpretaciones capaces de generar nuevas obras de creación estética o incluso de conocimientos críticos, aun suponiendo de forma muy puntual este extremo en su pensamiento literario. La Literatura Comparada no es otra cosa que el estudio comparado de los materiales literarios, es decir, la formalización, conceptualizada desde criterios sistemáticos, racionales y lógicos, de los materiales literarios dados como términos (autor, obra, lector, transductor) en el campo categorial de la literatura, e interpretados a través de la figura gnoseológica de la relación como modelo ejecutivo de la comparación literaria. Jauss asumió en líneas generales este planteamiento, pero limitándolo a un único material literario de referencia: el lector.



Modi Sciendi Comparationis Litterariae [3]

Modelo
Autor
Obra
Lectores
Transductores

Autor
Isología
Atributivo
metro
Heterología
Atributivo
prototipo
Heterología
Distributivo
canon
Heterología
Distributivo
canon

Obra
Heterología
Atributivo
prototipo
Isología
Atributivo
metro
Heterología
Distributivo
canon
Heterología
Distributivo
canon

Lector
Heterología
Atributivo
prototipo
Heterología
Atributivo
prototipo
Isología
Distributivo
paradigma
Heterología
Distributivo
canon

Transductor
Heterología
Atributivo
prototipo
Heterología
Atributivo
prototipo
Heterología
Distributivo
canon
Isología
Distributivo
paradigma








Notas

[1] Con toda modestia y franqueza, el propio Jauss escribía en 1977 que su experiencia “proviene, sobre todo, de la investigación de la literatura alemana y de la francesa medieval y moderna” (Jauss, 1977/1986: 13).

[2] En la Fenomenología de Husserl (1907, 1929, 1931) es posible distinguir tres dimensiones fundamentales, por otro lado bien conocidas, las cuales nos permiten en este punto poner a prueba la coherencia de la teoría de la recepción jaussiana: 1) la Estética, que trata de las distintas percepciones que se dan acerca de un mismo objeto (espacio y tiempo son, por ejemplo, propiedades estéticas); 2) la Noética, que comprende las acciones que realiza la conciencia para conjugar las distintas percepciones del objeto; y 3) la Noemática, que establece la Idea misma de ese objeto, determina su identidad (sintética) y su unidad (analítica) a través de la síntesis y del análisis de las diversas propiedades implicadas en las distintas percepciones. La noemática constituye una labor eminentemente crítica.

[3] Para una explicación detallada de este modelo de interpretación y objetivación de la Literatura Comparada, vid. Idea, concepto y método de la Literatura Comparada (Maestro, 2008).





Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Idea y Concepto de Literatura Comparada en Jauss», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (III, 4.3.7), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria






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